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jueves, 15 de septiembre de 2011

¡¡ Viva México i ' iñor... !!




Viva México, ¡Felicidades!


México celebra un año más de Independencia con el tradicional “Grito”. En una noche como la de hoy, hace 201 años, México inició la lucha por su libertad gracias al valor y a los anhelos de los caudillos que ofrecieron su vida a cambio de una Patria, en la que prevaleciera la igualdad, la democracia, la fraternidad, la tolerancia, la legalidad y el reconocimiento y respeto a los derechos humanos.

Así, con el grito de ¡Viva México!, ¡Viva nuestra Independencia! ¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!, cada 15 de septiembre, a las 11 de la noche, en todo el país y en algunos estados de la Unión Americana, se conmemora el inicio de la Independencia de México, con el famoso “grito”, que dio el cura Miguel Hidalgo y Costilla, para convocar al pueblo a luchar contra la tiranía y el mal gobierno español.

Luces, banderas, adornos, antojitos mexicanos, música popular y grandes ferias, son instaladas en Palacio Nacional de la capital de la república (D.F.)y en todas las sedes de las Delegaciones Políticas, Presidencias Municipales, Embajadas y Consulados en países extranjeros, para que los representantes del gobierno mexicano toquen una campana y recuerden a Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez y otros héroes de la Independencia de México, pero sobre todo para recordarnos a los mexicanos que gracias a ellos, ahora tenemos un país libre y soberano.

Pero ¿qué originó esta lucha? Después de tres siglos de vivir bajo el dominio español en el que los virreyes y los españoles gozaban de muchos privilegios y riquezas obtenidas por la explotación de los indígenas y los recursos mexicanos, varias personas empezaron a organizar la lucha por la Independencia de la Nueva España. Muchas intentos se habían realizado para independizarnos por la vía legal y muchos movimientos fueron reprimidos durante varios años, por lo que en 1808, un grupo de criollos empezaron a preparar para la lucha armada.

Este movimiento, fue organizado por Ignacio Allende, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, Juan Aldama, el corregidor de Querétaro Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz entre otros personajes.

Cuando ya habían establecido una fecha para iniciar la lucha en octubre, el complot fue descubierto y el corregidor Miguel Domínguez fue encarcelado, pero su esposa Josefa Ortiz, encontró la forma de avisar a Aldama que habían sido descubiertos, quien rápidamente cabalgó hacia Dolores para prevenir a Hidalgo y a Allende de lo sucedido.

Así, y para no dar tiempo a ser aprehendidos, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo se fue a la parroquia y tocó la campana para reunir al pueblo y en el atrio de la capilla informó lo que estaba sucediendo y los invitó a unirse a la lucha, recordándoles las injusticias, maltratos y todo lo que habían hecho los españoles durante tantos años.

Al terminar su discurso pronunció las siguientes palabras, que se convirtieron durante muchos años en el mensaje que cada 15 de septiembre se daba durante la conmemoración del grito: “¡Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la Patria y viva y reine por siempre en este Continente Americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno! Esto es lo que oiréis decir de nuestra boca y lo que vosotros deberéis repetir”.

Hidalgo se dirigió después se fue a la cárcel pública y puso en libertad a los presos, les quitó el mando a los españoles y con un grupo de hombres armados con picos, palas, machetes y cuchillos, empezó la lucha por la Independencia de México.

Al ejército que formó Hidalgo se le llamó Ejército Insurgente. El ejército fue primero a Atotonilco, en donde Hidalgo tomó un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe que se convirtió, en ese momento, en la “bandera” del ejército insurgente.

Al mismo tiempo en varios lugares de la entonces Nueva España, se dieron levantamientos en apoyo a la lucha de Independencia, uno de ellos hacia el Sur, dirigido por José María Morelos, quien a la muerte de Hidalgo habría de sucederle como el principal caudillo.

La lucha que duró 11 años, permitió la abolición de la esclavitud, la expedición de las primeras leyes mexicanas y de la Constitución de Apatzingán que establecía las garantías para los mexicanos, pero sobre todo, se logró la libertad del país para gobernarse, para disponer y utilizar sus riquezas y recursos y el derecho que le otorgó Hidalgo, quien por primera vez llamó “Patria” al territorio mexicano.

Por eso, hoy los mexicanos y mexicanas recordamos con orgullo a nuestros héroes y festejamos con mucho entusiasmo aquel famoso “Grito” que nos llevó a la libertad.

Autora de este artículo: Sra. Bertha Sola Valdéz
Presentación Slide y adaptación: Doral.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Presencia de las mujeres en la Revolución Mexicana: Soldaderas y Revolucionarias.


Presencia de las mujeres en la Revolución Mexicana:
Soldaderas y Revolucionarias.

Cuando pretendemos indagar sobre la presencia y participación de las mujeres en la Revolución mexicana el primer problema al que nos enfrentamos, después de revisar la escasa bibliografía que existe sobre el tema, es el tratamiento que en los textos de historia se le da al papel protagónico femenino.

"En la Revolución, iniciada en 1910, la mujer mexicana tuvo una participación tan importante como ejemplar por su abnegación y valentía, y sería imperdonable que la historia no recogiese, siquiera sea en brevísima síntesis, la labor de tantas heroínas que contribuyeron a crear el actual orden social".

Destaco heroínas, porque es precisamente el carácter heroico, el tratamiento de vidas ejemplares, lo que nos cierra la posibilidad de entrar en un diálogo con seres humanos del pasado, en este caso mujeres, inquietas y conscientes algunas, presentes la gran mayoría que participan de diversas maneras en una guerra civil que conmocionó al país por una década, cobrando un saldo de aproximadamente un millón de mexicanos.

La lucha armada revolucionaria (1910-1917) contó con la participación de hombres y mujeres en los distintos grupos, sectores y clases que trataban de dar forma a una nueva nación.

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Un proyecto nacionalista que involucró y movilizó al campesino -la población más numerosa de esos años-, a los obreros, a las clases medias y a la burguesía nacional.
Con expectativas diferentes y a veces contradictorias se integraron a las distintas facciones revolucionarias que contendieron en la guerra civil.

Desde el movimiento precursor magonista que actuó como fuerza de oposición a Díaz, el maderismo y el constitucionalismo que enarbolaron la bandera de la democracia, hasta la contrarrevolución huertista y los movimientos populares: villismo y zapatismo, actuaron todos en defensa de sus programas y objetivos de lucha, a veces haciendo un frente común, otras en forma independiente, y otras más enfrentándose entre sí.

Lo cierto es que al cabo de una década lograron transformar al país.
La promulgación de una nueva Constitución en 1917 cierra un ciclo de guerra civil y encauza al país por la vía institucional.

Todos estos acontecimientos que fueron modificando a México, también fueron transformando la vida de las mujeres.

Cambios que no fueron consecuencia directa de la Revolución, éstos se gestaron desde los últimos años del siglo pasado.

Bien, una vez aclarado que nuestro interés no se centra en la vida de las heroínas, ¿qué significa entonces hablar de la presencia de las mujeres en la Revolución mexicana?

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Significa recuperarlas como sujetos históricos que lucharon y participaron en forma comprometida, desde los distintos frentes, en las diversas facciones y etapas del proceso revolucionario.

La revisión historiográfica y la incursión en fuentes hemerográficas y de archivo hizo posible conformar un panorama inicial sobre la participación de las mujeres en la Revolución mexicana y estructurarlo atendiendo a una periodización más amplia 1880-1920, que nos permita explicar el papel desempeñado por las mujeres, así como el significado y contextualización de las acciones que realizaron como integrantes en las diversas facciones revolucionarias: soldaderas, empleadas, obreras, periodistas, maestras, profesionistas; y en la lucha feminista que ya desde el porfiriato cuestionaba el papel subordinado de la mujer, y que en el periodo revolucionario cobra importancia, crece en participación, e incluso se hace oficial dentro del constitucionalismo con la propuesta presentada por Hermila Galindo al Congreso Constituyente en 1916.

Presentar este panorama histórico es el objetivo de esta ponencia.
En las últimas décadas del siglo pasado, la presencia de las mujeres en el escenario político se hace más explícita, en parte como resultado de la mentalidad de "modernidad y progreso", que caracterizó a aquella época, durante la cual un nuevo discurso comenzó a cuestionar la función social de las mujeres y a plantear demandas específicas de género: mayor acceso a las instituciones educativas, al trabajo remunerado, y a la participación política, las enarbolan como bandera de lucha. Peticiones que surgen fundamentalmente de los sectores medios ilustrados.

El proceso de industrialización iniciado en el porfiriato abrió a las mujeres las puertas de fábricas, talleres, comercios, oficinas públicas, y amplió también su participación dentro del magisterio.

Con la creación de la Escuela Normal de Profesoras en 1888, la profesión de maestra cobró una importancia que hasta entonces no tenía; mientras que al inicio del régimen 58.33% del profesorado eran hombres y 25% mujeres, para 1900 la proporción se había invertido en 32.50% hombres y 67.50% mujeres, y en 1907 las estadísticas registran 21.71% hombres y 78.29% mujeres.

Con ello el magisterio se convirtió en la gran oportunidad de profesionalización para la mayoría de las mujeres.

La Escuela de Artes y Oficios y la Mercantil "Miguel Lerdo de Tejada" de Señoritas, fueron también otra opción de desarrollo profesional en ciertos sectores sociales, y en menor escala el periodismo y las letras.

La mujer empieza a salir de los estrechos límites del hogar para desarrollar otras actividades, preocupación que se expresa en la prensa de la época, en tanto la emancipación podía significar la renuncia de ellas a su función "natural" de esposas y madres.

El Clarín, periódico de Guadalajara publicaba al respecto:
"Las señoras y señoritas de la capital muy activas, asaz varoniles que pronuncian discursos, componen piezas musicales y abrazan y besan en público [...] esos arranques viriles del sexo débil, francamente no nos gustan; saquen ustedes a la mujer de su natural esfera de acción, sepárenla de la tarea de pegar botones, de confeccionar un guiso ó de enseñarles una oración a los chicos [...] y lo habrán hechado todo a perder por más que en lo contrario opina la renombrada escritora Dña. Concepción Gimeno de Flaquer. La mujer a sus labores: eso de decir discursos y encabezar motines, se queda para nosotros que llevamos pantalones. No hay que confundir los sexos".

El Colmillo Público, de la ciudad de México declaraba:
"Las mujeres que hablan de feminismo no son buenas, y quieren llamarse en vez de malas, adelantadas y liberales, que es nombre que suena mejor".

La influencia de los movimientos feministas europeos y del sufragista estadunidense se deja sentir en los escritos de un grupo de mujeres, que se convierten en portavoces de las ideas emancipadoras, aprovechando el espíritu progresista e innovador de la época.

Desde finales del siglo XIX la prensa constituyó el espacio donde ese sector femenino expresó la necesidad de redefinir no sólo la función social de la mujer, sino de luchar por su emancipación por medio del estudio y del trabajo remunerado.
Este grupo de mujeres comienza a manifestar sus opiniones en periódicos y revistas femeninas.

La Mujer, La Mujer Mexicana, El Álbum de la Mujer, El Correo de las Señoras, Violetas de Anáhuac, entre otras, concebidas por y para mujeres, nos dan cuenta del interés de esas nuevas generaciones por comunicarse; fue la pluma de profesoras, escritoras y profesionistas la que inicia un cuestionamiento sobre la desigualdad intelectual entre los sexos, y se expresa a favor de la emancipación femenina en términos de educación e ilustración igualitaria que les permitiera participar en los distintos campos de la cultura y la política.

No obstante su reducido número, se dieron a la tarea de reflexionar sobre los derechos y prerrogativas de las mujeres mexicanas, convirtiéndose en la vanguardia dedicada a elaborar las primeras reivindicaciones.

También constituyeron en 1904, la primera organización feminista denominada Sociedad Protectora de la Mujer, integrada por María Sandoval de Zarco (la primera abogada graduada en México en 1889) y por otras mujeres profesionistas preocupadas "por lograr el perfeccionamiento físico, intelectual y moral de la mujer, el cultivo de las ciencias, las bellas artes y la industria".

Se ocuparon además de defender a las mujeres presas y perseguidas por cuestiones políticas.

Por su parte, la prensa obrera, respecto a las mujeres, se encarga de denunciar sus problemas laborales.

La explotación que vive este sector proletario (bajos salarios, largas jornadas de trabajo, carencia de prestaciones, situación de las organizaciones gremiales, etc.) son los temas más recurrentes, sin dejar de reiterar las prescripciones propias de una moral burguesa.

La importancia de la función en la sociedad de las mujeres como esposas y madres, la necesidad de educación como medio para emanciparlas, y la lucha por mejores condiciones de trabajo para evitar la prostitución.

En los primeros años del siglo XX empiezan a surgir organizaciones de trabajadoras (integradas por maestras normalistas y obreras textileras principalmente) que se vinculan al Partido Liberal Mexicano desarrollando una intensa labor política en contra del régimen de Díaz, lo que causó la persecución y el encarcelamiento de algunas de sus integrantes.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza (editora del seminario Vésper); Dolores Jiménez y Muro (colaboradora en la revista La Mujer Mexicana, redactora y firmante del Plan político-social de la Sierra de Guerrero, el antecedente más inmediato del Plan de Ayala, documentos en el que también participa de su elaboración, y Elisa Acuña y Rosetti (integrante del centro director de la Confederación de Clubes Liberales en 1903 y editora de La Guillotina, periódico que ella misma financiaba) fundaron en la cárcel la sociedad "Hijas de Cuauhtémoc".

Además de protestar por los excesos cometidos en el porfiriato y pronunciarse a favor del antirreeleccioriismo, se expresaron partidarias del reconocimiento de la igualdad de la mujer con el hombre.

Otra de las primeras organizaciones revolucionarias que hizo suyo el Programa del Partido Liberal Mexicano fue la denominda Hijas de Anáhuac, fundada en Tizapán, D.F., en 1907, por obreras textileras.

Además de luchar por los principios del magonismo (motivo por el que algunas de sus dirigentes padecieron arrestos y encarcelamientos), se pronunciaron a favor del mejoramiento social de la mujer obrera.

Todas estas mujeres fueron propagandistas activas de las ideas del magonismo y las que sobrevivieron más tarde fueron protagonistas en el movimiento armado.

No fue entonces a partir de 1910 que se empezó a cuestionar la condición subordinada de la mujer, ya que si bien la Revolución mexicana es un verdadero parteaguas, alteró y modificó sus formas de vida, antes de esta revuelta existió gran participación femenina en distintos ámbitos y niveles.

Por: Martha Eva Rocha Islas
Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana de la Secretaría de Gobernación, en San Luis Potosí, México.

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