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lunes, 20 de mayo de 2013

"CUANDO LAS CABEZAS DE LAS MUJERES SE JUNTAN"


"CUANDO LAS CABEZAS DE LAS MUJERES SE JUNTAN"


Una escritora uruguaya, Simone Seija Paseyro, escribió este texto maravilloso, que me gustó, porque siempre he creído en lo que ella escribió al hablar de las mujeres, sean amigas, madres, compañeras… ya sean cuando niñas, estudiantes, adolescentes, casadas,  solteras, divorciadas, viudas, etc. Cuando pasan los años, en fin siempre. Entonces mejor lo comparto:

“Alguien me dijo que no es casualidad que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos, fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y el volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presente las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, retadoras y con labia. Capaces de pasar horas escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen. Ese fuego puede dar vida en la mesa de un bar, el partió de un colegio, el lugar donde jugábamos en la infancia, el salón de una casa, el corredor de la facultad, una cerveza en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita, o ese tesoro que son las quedadas a dormir en las casas de las otras.

Las de adolescente después de un baile, o para preparar un examen.  Las de “vente el sábado” porque no hay nada mejor qué hacer en el mundo que escuchar música y hablar y hablar hasta cansarse.

Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con esperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, sólo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada. Cambiamos, crecimos, nos dolimos, parimos hijos, enterramos muertos, amamos, fuimos y somos amadas, dejamos y nos dejaron, nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena.

Cuidamos, y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar, nos casamos, nos divorciamos, creímos, morimos muchas veces y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir, bailamos con un hombre, pero la danza más lograda, la hicimos con nuestros hijos al enseñarles el caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos, nos protegimos, fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar. Porque juntas construimos nuestros propios cimientos.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte de alguna manera más salvajes. Y en aquel tempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan, “alrededor del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía.  Como siempre, Como Nunca. Como toda la vida.”


Gracias a la Dra. Margot Dow por tan lindo aporte.
E-mail:  margot_dow@hotmail.com

martes, 14 de diciembre de 2010

Diciembre, mes de las bodas más increíbles



¿No me crees?, mira este video.



Una novia muerta de la risa.



Y tú, amiga querida, lee bien ésto: ¿Te casarías pelona?

lunes, 5 de octubre de 2009

¿Te gusta bailar, mujer?




¿Te gusta bailar, mujer?

En el ejercicio enajenante de los muchos roles que cumplimos diariamente las mujeres, a veces se nos antoja tirar la toalla por un momento, olvidarnos de todo y mandar todo por un tubo, olvidarnos de los problemas, de los deberes, de las obligaciones, de tener siempre que estar pendientes de todo y atender de día y de noche a todo y a todos.

Se nos antoja de pronto y con suerte quedarnos un momento a solas y encender la radio, o poner nosotras mismas un cd, o un dvd de música alegre y rítmica para bailar. Nos apetece bailar, el estilo es lo de menos, todas queremos mover el esqueleto y lo mismo nos daría poner un ritmo alegre de salsa, que cumbia, merengue, bachata, o reguetón, rock, twist, val’s, lambada, tango, baile del perrito o del caballito, o del sapito (jajaja) o lo que sea, el caso es darle gusto al cuerpo sanamente y sacudirnos la polilla para renovar bríos sin tener que salir fuera del hogar.

Claro es que muchas veces no podemos darnos (aunque quisiéramos), este gusto ni siquiera dentro del hogar, debido las múltiples ocupaciones diarias que se ejercen contra el tiempo, son muchas las responsabilidades que tenemos con nuestra familia, con nuestro trabajo, con los pendientes de nuestra agenda diaria, etc. Amén de pensar siquiera en hacer planes para irnos a divertir a un antro, o centro de baile con las amigas y echar relajo, botar el estrés y darnos el lujo de saborear un par de piñas coladas o unas medias de seda, o un par de margaritas, o un wiskito en las rocas ¿por qué no?, aunque fuese de vez en cuando. Pero ¡puf!… sería el acabóse del mundo para los nuestros y seguro nos convertiríamos en el blanco de los gritos, reclamos y críticas: ¿Pero qué le pasa a esta mujer, se ha vuelto loca? ¡Qué mal ejemplo nos está dando!

Miren amigas queridas; seamos realistas y menos soñadoras en estos menesteres del arte de saber despedirnos y desprendernos del estrés. Nada tiene de malo salir a divertirse sanamente, de vez en cuando, incluso sin pensar en las piñas coladas que muchas veces hasta salen sobrando.

Lo que muchas veces la mujer quiere o desea, sólo es salir a respirar aire fresco de la calle o caminar bajo la luz de la luna (a mi me gusta caminar bajo la lluvia, y sin paraguas).

Por momentos, es tanta la acumulación de problemas en la pobre cabecita de la mujer moderna y no tan moderna (jeje), que pensar en el baile, en la risa, en la diversión, en el descanso o relax, se presenta en el corazón femenino como un verdadero abanico de colores o arcoiris de ilusión y posibilidades de ser feliz y olvidarnos al menos por un instante de tantos martirios que se alojan en nuestra pobre razón atormentada.

Algunas mujeres en su juventud, eran buenísimas para bailar, solían salir a menudo a fiestas, eran el centro de atención de la alegría, pero nomás se casaron, se apagaron, se les acabó esa alegría, esa chispa, ese carismático ritmo tan fresco del ayer, se les congeló en la sangre y en sus huesos… ¡Y encima le echan la culpa al marido o al matrimonio!, pobre marido y pobre matrimonio, ¿qué culpa tienen de que ya no les guste bailar como en otros tiempos?

Es obvio que aquí, la que está fallando es la mujer, al dejar ir de paso su juventud, su alegría, su carisma, su entusiasmo, su habilidad para el movimiento y su ritmo. Los años se le vienen encima y se mira los rollitos y llantitas frente al espejo y se lamenta con amargura, de su pasividad, de su tremendo cambio de apariencia: “Dios mío, ya no soy ni la sombra de aquella plumita tan ligerita que yo era para moverme y para bailar”.

Y empiezan las preocupaciones severas, la mente enajenada se recrimina, se hostiga, se lacera, se castiga a ella misma:“Tú tienes la culpa, por qué no te cuidaste!”

¿Demasiado tarde?...Hey...¡NO AMIGAS!

Nunca es demasiado tarde para iniciar una nueva vida con más conciencia y justicia para nosotras, con más alegría, carisma, movimiento, ritmo, voluntad para desentumirnos de la pereza que nos complica todo y ¿por qué no? también con baile para nutrir nuestro cuerpo, alma y espíritu. ¿Quién dijo, o dónde está escrito que esté prohibido?

Espero sus valiosas opiniones,

Con mis respeto y cariño siempre,
Doral.

Got My Cursor @ 123Cursors.com