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jueves, 22 de enero de 2015

COMPRENDER Y ENTENDER.


COMPRENDER Y ENTENDER

Se dice que para entender a una persona, no es necesario escuchar sus palabras, sino observar sus conductas.  Pero lo cierto es que cuando Albert Einstein inventó esta frasesita tan conocida, se le olvidó agregar que para poder comprender a una persona, te tienes que poner en el lugar de ella primero.  Es decir, que aunque la mente contemple sus posibilidades en cuestión de segundos, a veces la razón logra entender lo sucedido después de que el corazón ya supura profundo el néctar de sus heridas.

¿Qué significa ésto?... 
Significa que comprender no es lo mismo que entender.  

Según la RAE (Real Academia Española), la palabra 'comprehender', significa encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos del otro, y 'entender' significa, conocer, experimentar, meterse o penetrar en las razones del otro, o sea... Tener conocimiento propio de la causa.

Y hablando de la tan necesaria comprensión del ser humano, tenemos que aceptar que ni siquiera sabemos comunicarnos apropiadamente con los demás, mucho menos comprender o entender sus razones. por ejemplo:

En su obra "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro", nos dice el Dr. Edgar Morin (Científico, Filósofo y Político Social Francés), y "Pensador Planetario", como lo catalogó la UNESCO en el año 2001, que: "La comunicación triunfa; el planeta está atravesado por redes, faxes, teléfonos celulares, módems, Internet, etc.,  Y sin embargo, la incomprensión sigue siento general.  Sin duda, hay grandes y múltiples progresos de la comprensión, pero los progresos de la incomprensión parecen aún más grandes" dijo.

Entonces aquí intervienen dos factores importantes: El aspecto sociocultural con toda su diversidad y el aspecto intrafamiliar, con todos los patrones conductuales que el aprendizaje implica, e incluso si nos damos cuenta, ambos aspectos conllevan obstáculos enormes en cuanto a la comprensión se refiere, porque si intentásemos cambiar al mundo, tendríamos que cambiar nuestro propio mundo interior primero.

El Dr. Morin señala que:  "Los obstáculos interiores a estas dos comprensiones si son enormes, porque no solamente existe la indiferencia, sino también el egocentrismo, el etnocentrismo, el sociocentrismo, cuya característica común es considerarse el centro del mundo y considerar como secundario, insignificante u hostil, todo lo extraño o lejano", añadió.

¿Se comprender y entender a propios y extraños?

Fuente: rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf (Derechos de Autor)

Aporte cultural y adecuaciones para este blog.
Responsable de esta publicación: Doral.

martes, 11 de noviembre de 2014

CONSTRUIR FELICIDAD



CONSTRUIR FELICIDAD

"Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, sólo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas", decía Pablo Neruda.

Creo que todos hemos escuchado alguna vez la conclusión de que la felicidad no es un estado que se consiga apoyándonos en objetos, personas o situaciones externas.  La felicidad se nos asegura, está dentro de nosotros mismos.

Es halagadora la afirmación porque eso significa que no dependemos de nada ni de nadie para poder ser felices.  Nos da tranquilidad saber que si depende exclusivamente de nosotros, es relativamente más sencillo lograrla.

Pero, una vez que aceptamos esta premisa, inmediatamente después, no sabemos qué hacer, por dónde empezar, para sentirla plena y permanente desde ese interior que tanto se menciona.  Y Generalmente nos ponemos a esperar que el estado de bienestar aflore solo, de manera automática, sin hacer nada. ¡Pues total, que llegue. Si está aquí y dentro, que se exteriorice!

Y empezamos a dudar de la afirmación de que la ansiada felicidad está en nosotros.  No aceptamos muy bien la responsabilidad de sentirla, y generalmente hasta nos angustiamos y nos sentimos impotentes por no conseguirla; por no tener esa capacidad de encontrarla en nuestro interior. ¡Algo estamos haciendo mal ya que miramos hacia adentro y no la encontramos!

Es que tenemos que construirla.  No es algo escondido que esté esperando ser encontrado.  No hay otra forma de construirla que poner ladrillos de ternura, argamasa de comprensión, formando muros verticales de amistad y techos de igualdad con todos los seres humanos que nos rodean.

¡Comencemos a construir el mejor de los edificios; nuestra felicidad, haciendo el bien, ayudando y ayudándonos a ser felices y dar felicidad a manos llenas!.  Manos a la obra.

Autor:
Dr. Roberto Valdéz.
Email:  rvaldezp@prodidy.net.mx

lunes, 22 de febrero de 2010

¡Gracias, con todo mi amor!



¡Gracias, con todo mi amor!

Si la mujer... y el ser humano en general pudieran darse cuenta de la magnitud y alcance que ejerce nuestra actividad neuronal, y sus diferentes funciones de procesamiento cognitivo, el aprendizaje de todo lo que nos sucede y todo lo que vivimos sería más sencillo y completo, en vez de hacerlo difícil y complejo.

Es esa situación tan desagradable (la de no saber ni conocer), precisamente lo que hace que muchas veces nos desesperemos ante los eventos inesperados, es angustioso cuando nos suceden las cosas (y más si son cosas dolorosas), en vez de aprender voluntariamente a: "hacer que las cosas agradables nos sucedan"... son dos cosas totalmente diferentes.

Es curioso, pero el cerebro humano es tan sabio en su complejidad de mecanismos que tiende a "seleccionar" la parte más dulce y dócil para aprender rápido las lecciones, y a eso se debe justamente que todos aprendemos más del éxito que de los fracasos.

¿Sabes por qué amiga lectora?

Esto sucede, pues por la sencilla razón de que los fracasos son amargos, son tristes, son dolor condensado en frustraciones cuando la persona se siente vencida por su propio desaliento y a un paso de embriagar su organismo bebiendo sus copas de depresión, entonces la corteza cerebral (que es la encargada de organizar los pensamientos), se idiotiza, se entorpece (o mejor dicho se adormece), se siente sedada, impedida para reaccionar al cien por ciento, está drogada por la melancolía y ahogada en el llanto, no le permite al ganglio basal controlar las emociones. Este último está asociado o encargado del control motor, la cognición, el aprendizaje y todo lo concerniente al ámbito emocional.

En este marco, vemos que nuestras conductas humanas, más que invitarnos a crecer, nos incitan a declinar en el camino hacia la grandeza. ¿Cuántas personas de este mundo son tan afortunadas, en tener salud, familia, trabajo, honor, patria, etc? ¡y viven quejándose!

"Yo no tengo suerte", "Me está llendo de la fregada", "Tengo problemas por todos lados", "Nadie me entiende ni me comprende", "Estoy peor que nunca", "Lo que gano no me alcanza", "Soy muy torpe", "Estoy enferma(o)", "Soy pobre", "No sirvo para nada", etc.

Hey; momentito alto aquí... lee esto muy despacio por favor:
¿Sabes lo que estás diciendo?

¿Te quejas de que no tienes suerte y dejas pasar las oportunidades cada día de tu vida sin siquiera visualizarlas?

¿Que te está llendo de la fregada y que tienes problemas por todos lados dices cuando tienes sanas tus manos para trabajar, tu mente despejada para pensar alto, tu corazón fuerte para sentir claro, tus piernas fuertes para caminar, y poder en tu verbo para defender tus derechos? ¿Qué esperas para hacerte oir y hacerte escuchar?

¿Eres pobre, estás enfermo(a) y que no sirves para nada? ¡Te aseguro que ni las personas impedidas físicamente (discapacitadas), tendrían ningún motivo para pensar así con tanto desaliento y negadas para todo. Porque si fuese así, como tú piensas, créeme, no tendrías nada que estar haciendo en este mundo. ¡Ah, y no me creas esto a mí porque yo te lo estoy diciendo!... ten el valor, e ... ¡Investígalo!

¿El sol acaso te niega sus rayos de luz en cada amanecer? ¿El aire se niega a entrar por tus pulmones?, ¿La tierra acaso te impide vivir sobre su corteza gratuitamente a pesar de que tú la tienes sucia y herida mortalmente? ¿Acaso no encuentras en este mundo ni un vaso con agua para saciar tu sed? ¡Cuenta todas las virtudes que tienes al alcance de tus manos, donde tú las puedes tomar sin que te cueste nada!.

Deja de lamentarte inútilmente mujer amiga que me lees aquí y ahora, descubre tu rostro a la vida, rasga el velo del misterio que te ata en la mortaja arrojada a la oscuridad aberrante de tu vida, aprende a decir SI A LA VIDA, aprende a respirar, a mirar cómo crece una flor, a escuchar cómo cantan los pájaros, a disfrutar los murmullos del mar, la risa de un niño, el brillo del sol... ¡Qué ricos los rayos del sol!... y ¡Qué hermosa también es la lluvia!, no reniegues si tus zapatos se han ensuciado porque lluvió, porque se hizo lodo, ¿qué importa eso?, ¡Disfrútalo! y por el contrario: En vez de enojarte porque lluvió, acaricia con tus dos manos la lluvia, salúdala, abre los brazos y disfruta el olor a tierra mojada, el fresco de la brisa, el dulce sabor de las gotas del cielo y responde al adiós que te da el crespón, deja que vuelvan a salir los rayos del sol y vuelve a sonreir airosa, contenta y feliz, ¡Qué bueno que salió el sol! ¡Qué rico que hace calor!, siéntelo en tu piel, gózalo... que mañana no sabemos si volveremos a disfrutarlo.

Entonces concluyo: Aunque desconozcas cómo funcionan tus dos hemisferios cerebrales, no importa, de verdad que no tiene importancia, pero aprovecha aquí y ahora de todo lo que la vida te ha dado para ser feliz porque te lo mereces y si puedes convencida: Voltea un momentito hacia tu corazón, allí donde vive y habita Dios, aprende a ser agradecida y dile: "¡Perdón y Gracias Señor, con todo mi amor!"


Doral.

lunes, 28 de diciembre de 2009

La navidad y el encuentro consigo mismas.

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La navidad y el encuentro consigo mismas


Amigas queridas; este es un buen momento reflexivo para aceptar los errores, pero...

Aceptar nuestros errores, es igual o más difícil que intentar dormir sin sueño o tratar de ingerir alimentos sin apetito; todos casi todos los seres humanos declaramos a los cuatro vientos que lo hacemos y sin embargo, faltando a la verdad, seguimos cayendo en el autoengaño de pensar que ya lo hemos logrado, aún cuando nos falta mucho camino por recorrer en el difícil arte de aceptar los errores. La navidad es la mejor época del año para encontrarnos a sí mismas.

Como seres humanos, estamos expuestos a cometer equivocaciones, tener fallas es propio de cualquiera de nosotros, pero no todos estamos preparados para reconocerlos, aceptarlos y superarlos, nos hace falta -a unos más que a otros menos- practicar con mayor frecuencia el noble ejercicio de la autocrítica, el balance, el análisis de lo que hemos hecho, de lo que no hemos hecho y hasta de lo que estamos haciendo; pero sobre todo, la humildad para identificar causas que provocan las distintas razones en nuestro quehacer personal, profesional, laboral, etc.

Eso sí, somos expertos en señalar tropiezos o desaciertos de los demás; nos vanagloriamos cuando descubrimos que los otros son falibles y sobre todo, cuando comprobamos que nuestros supuestos sobre el comportamiento de aquellos eran correctos.

La cultura actual de nuestra sociedad está imprengnada precisamente de este tipo de mensajes. Por todas partes se dan a conocer los aspectos nocivos de todos y eso genera un alto nivel de negatividad cotidiana y asfixiante, que a la larga, trae como consecuencia el que lo "bueno" que ocurre en nosotros o en los otros (La primer palabra que un niño asimila con profundidad en su hogar es: NO).

Vale la pena destacar que a partir de la experiencia individual y a través del ensayo y el error propios e inherente a la vida misma, cada uno de nosotros se enfrenta a distintas situaciones que, problemáticas o no, dejan un aprendizaje esencial; en lo particular, la premisa: "equivócate con mayor frecuencia", me ha permitido apreciar con mayor profundidad los vaivenes del diario vivir. (La validez de mi última hipótesis, la obtuve hace un par de días) ¡Fué glorioso descubrirlo! Porque eso me permitirá no tropezarme con la misma piedra en la posteridad. Sin embargo...

Es cierto que triunfar no depende necesariamente de la cantidad de errores cometidos, es obvio también que el que menos se equivoca sea siempre el más sabio, lo que sí es innegable, es que reconocer un error en su justa dimensión y aceptarlo tal y como es, nos deja como herencia el poder sacudirnos de los fantasmas creados por tal fenómeno.

Estoy convencida de que en la medida en que seamos capaces de aceptar nuestros propios errores -mas allá de la auto-compasión y el mazoquismo trasnochado- estaremos en condiciones de aproximarnos más a lo que somos y lo que queremos ser. Decir: "Es cierto, me equivoqué", pero decirlo con honestidad, prudencia y humildad es la mejor manera de aceptarnos a nosotros mismos y al mismo tiempo, una oportunidad inmejorable para cultivar nuestra propia dignidad humana.

Abrazo enorme de corazón.

Doral.

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