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domingo, 18 de julio de 2010

¡Buscando un espacio en tu corazón!



¡Buscando un espacio en tu corazón!

Platicando con una buena amiga, ella me decía que no tenía suerte en el amor, que nadie le hacía caso, que como mujer, no le interesaba a nadie, y que nadie se había interesado nunca en ella, que a pesar de haber hecho esfuerzos y superesfuerzos constantes y repetidos no lograba atraer la atención de ningún galán y que posiblemente se iba a quedar exclusiva para vestir santitos y santotes.

Las palabras de mi amiga a parte de sonar fatalistas y desalentadoras, llevaban una buena dosis de desamparo emocional, de falta de fe, cero esperanza y una completa voluntad anulada en el alma: "No hay un espacio para mí; en el corazón de nadie" ¡Vaya!, me entero... ¿Cómo que no hay lugar en el corazón de nadie para una mujer tan llena de amor? Creo que aquí hay algo muy interesante que conviene analizar, veamos:

En primer lugar, nada en la vida es como parece. El mundo es muy hermoso para que alguien tan joven viva devastada por su propio desaliento, piense y sienta que ya no hay un lugar para ella... siempre hay un lugar para todo en la vida. Y le invitamos a nuestra amiga a hacer un experimento sencillo:

Vacía por favor todas estas canicas dentro de este frasco, hasta que esté lleno. ¿Ya está lleno?, ¿estás segura que ya no cabe ni una más? -Sí; respondió convencida-. Bién, ahora voy a demostrarte que el frasco no está lleno como parece, allí le caben muchas cosas más. Toma por favor con tus manos este puño de arena y vacíalo dentro del frasco lleno de canicas. Ella muy sorprendida vació todo el puño de arena que cupo perfectamente en el frasco. Ahora dime: ¿Crees que ese frasco está completamente lleno y que ya no le cabe absolutamente nada? -Así es, respondió bién segura-. ¿Estás segura de que ya no le cabe nada más al frasco lleno de canicas y de arena? -¡Ya no le cabría nada más, respondió mi amiga!. Toma este vaso con agua y póngaselo al frasco con canicas y arena... ¡Vamos, hágalo!. Mi amiga sonriendo nerviosamente alarmada y con los ojos muy abiertos respondió: ¡No es posible, si le cupo toda el agua!

Por supuesto que allí dentro del frasco lleno de canicas, arena y agua, aún quedaba espacio para muchas cosas más si yo hubiera continuado con mi experimento para convencer a mi amiga de que las cosas no son como parecen, y nuevamente surge su duda al preguntarme: ¿Pero cuáles cosas más podrían caber en un frasco que está repleto y pesado?

¿Que nó?, ¡Claro que cabrían muchas cosas más tontita sentimental, allí en el frasco está frente a ti, aún hay espacio para que entren rayos de luz, tonos de color, el calor de tus manos, la fuerza de tu mirada, y todo el infinito amor que posees en tu propio corazón, ¿Sabes por qué? porque cuando quieres algo ¡Puedes lograrlo! si llevas en medio la intención de tu esperanza viva en la hostia consagrada de tu bendita fe.

Lo mismo que sucedió con el frasco, sucede en el corazón humano. A veces cuando el corazón (especialmente el de la mujer), ya está muy saturado, muy pesado de cosas, frusfraciones, decepciones, amarguras, pesares, insomnios, lágrimas, sufrimientos, etc... pensamos que ya no hay lugar para más sentimientos y pensar o sentir así, es un grave error... El espacio que posee el corazón no es como el de una computadora ni es una caja de circuitos y alambres. El corazón de la mujer (y tambien del hombre), es el centro mismo donde Dios toma sus decisiones, y debemos estar dispuestas para aceptar de buena fe esa voluntad divina, pero poniendo de nuestra parte todo lo mejor que tenemos.

Pero, ¿Cómo va a lograr el éxito quien no sabe lo que busca ni lo que quiere en esta vida?. Puedes haberte muerto y nadie te extrañará si no te haces valer, si no te haces escuchar, si no ejerces tu derecho a la paciencia para esperar que las cosas se den por voluntad de Dios y prepararte en el inter para ser la mejor compañía para tu pareja, para tu hombre, para tu amor. Cultivar tu corazón de cosas buenas, de música, de flores, de sonrisas, de bondades y de amor.

Abandonar las lamentaciones inútiles: "Es que nadie me quiere", "Es que a nadie le importo", "Es que me siento muy sola", "Es que soy muy fea". "Es que soy muy tonta", "Es que no tengo suerte", "Es que soy muy pobre", "Es que estoy enferma", "Es que soy muy torpe", "Es que soy muy insignificante", hey, hey, heeeeyyy... ¡Momentito allí!, todas esas frasesitas de bolsillo se llaman excusas... excusas... excusas ¡Entiéndelo de una vez por favor"

Si buscas un espacio en el corazón de tu amado, abre primero tu propio corazón al mundo de la posibilidades, sé como tú eres en esencia mujer, sin fingimientos, sin caretas, sin dobleces ni mentiras, ¡Sé auténtica, única e irrepetible", sólo así... y únicamente así, empezarán a ocurrir las cosas que tú querías para ti, encontrarás no solamente un lugar, sino un espacio en la persona adecuada para ti. La persona que siempre esperaste para ti, y quizá la que siempre estuvo esperando por ti. Eso es todo.

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

martes, 25 de mayo de 2010

La escalera de la felicidad.


La escalera de la felicidad.

Conversando con una gran amiga, me decía que ella ha llegado a considerar que lo único importante en esta vida es ser felices y dar felicidad “poco a poco” a los demás, pero… ¡A manos llenas!

Me llamó poderosamente la atención su frase que me puso a reflexionar: “Yo pienso que la felicidad sólo son pequeños trozos del tiempo que a veces nos alegran la vida; pero que alguien sea feliz las 24 horas del día, creo que no. No se qué opinas tú.”

¿La felicidad, fragmentos del tiempo?, ¡Vaya; qué chica tan linda y tan inteligente, a mí jamás se me hubiera ocurrido mostrarlo de esa manera, pero le encuentro una buena dosis de razón, y otra buena razón para dejarle aquí mi opinión al respecto.

Pienso que la vida misma está compuesta de momentos sí; pero para descubrir lo interesante que puede resultar encontrar y detectar lo dulce o amargo de esos momentos, o “trocitos de vida” (como mencionó mi amiga), se necesitaría colocarnos (imaginemos), primeramente al pié de una grande y empinada escalera, por donde día a día se van escalando peldaños:

Algunas personas por cobardía o por miedo se quedan en los primeros escalones, otras a la mitad, otras valientes suben más alto, pero también hay quienes retroceden en vez de seguir subiendo, muy pocas son las que llegan a la meta, (o cima del cielo si le queremos llamar así)

Allá en la cima del cielo; (sigamos imaginando), existen tres montañas que a través de nuestro equilibrio físico y psicológico, podemos alcanzar:

1.-La montaña del éxito,
2.-La montaña de la salud
3.-La montaña de la felicidad.

¿Pero cómo va a tener éxito quien no sabe ni siquiera lo que quiere?, tenemos que aprender a utilizar la herramienta maravillosa de la auto-crítica amigas queridas, teniendo momentos de introspección y disfrutar esos encuentros con nosotras mismas, observarnos y vernos a sí mismas con franqueza, sinceridad y valor… ¡Tal cual somos!, sin compadecernos ni sentirnos las mártires. Ya sabemos que hemos sufrido, que nos han engañado, que nos han utilizado, que nos han maltratado... eso es innegable, pero también saber reconocer en tiempo, forma, espacio y persona, qué fue lo que dejamos de hacer para impedirlo en vez de dedicarnos a lamentarnos y tirarnos a matar en el charco de la autocompasión, culpando siempre a los demás de nuestras desgracias.

Obviamente y en tales circunstancias, la salud física y mental se atrofia con tantos sentimientos encontrados, amargas reacciones y resentimientos añejados por el dolor, la impotencia, la baja autoestima, el rencor, el odio, la pereza mental, la inestabilidad emocional y también la falta de voluntad abrazadita a la falta de amor y fe. El dolor es inevitable dicen, pero el sufrimiento sí se puede evitar, pero al parecer no nos interesa evitarlo y preferimos disfrutarlo masoquistamente… ¡Eso es un crimen moral!

Y la verdad de todo esto amigas queridas, es que para subir peldaños en esa empinada escalera que es la vida, sólo se necesita de tres elementos esenciales que voy a convertirlos en preguntas que quiero que se hagan a ustedes mismas:

¿De dónde vengo?
¿Qué estoy haciendo aquí? y,
¿Hacia dónde quiero dirigirme o hacia dónde voy?

Quizá vengas de un hogar humilde o naciste en un cojín de plumas de ganso, no importa, son dos extremos que se tocan y ni la pobreza ni la riqueza son condicionantes o impedimentos para llegar a la cima de la montaña. El pobre se queja de que no tiene dinero y el rico se queja, porque piensa que le van a robar su dinero y ninguno de los dos se decide a ser feliz con lo que tiene, ni se conforma con lo que es y ha hecho en y de su vida, y tú… seas rica o pobre ¿Qué importa? ¡Tú puedes dejar de sufrir soltando y dejando ir a la paranoia del poder y subir tu montaña!

El secreto está en ir mejorando paulatinamente todas las características físicas y psicológicas, equilibrar nuestra forma de sentir y de actuar para ir poniéndole sabor al caldo (como decía mi abuela materna), ubicar nuestra posición o estatus y roles en el seno familiar, laboral, social, académico y hasta sentimental, e intentar momento a momento (si es posible), seguir escalando peldaños hacia la cima de la autorrealización.

Atrevámonos pues a hacernos el mejor regalo y soltemos las culpas, las soledades y las penas, dejémoslas ir y subamos peldaños sin que nada ni nadie nos detenga, los deberes existen es verdad, pero también existen los derechos y quien cumple con sus deberes, tiene derecho a autogratificarse con sus propios derechos ¿quién dijo, o dónde está escrito que esté prohibido?

¡Cuánta razón tiene mi amiga! “La felicidad es un estado, así como también lo es la pena, y tales cosas no son siempre iguales cada día” ¡Por supuesto que lo creo y lo garantizo, la felicidad es un estado mental, y tú defines si quieres serlo o no!

La felicidad como tal, no existe como meta… ¡se forja!… ¡Se vive en el proceso y se disfruta en el camino!

¿Ustedes qué opinan amigas lectoras?
Saludos muy afectuosos con mi respeto y cariño siempre.
Doral.

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