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lunes, 31 de enero de 2011

¿Eres una mujer que se come las uñas?



¿Eres una mujer que se come las uñas?

Qué increíble parece la idea de que las mujeres (y también algunos señores), sean capaces de comerse todo lo que se les pone enfrente... si se trata de comida, ¡Se lo comen todo! sin importar que sean dulces, chocolates, chicles, galletitas, panecitos, la comida formal normal las tres veces al día y con postrecito, pero oigan ustedes... ¿Comerse las uñas?, es un hábito de muy mal gusto y encima producto de algunas circunstancias que aquí y ahora sería muy importante conocer. Veamos:

Son muchos los factores que pueden influir en que la gente se coma las uñas, pero entre los elementos que más predominan, se cree que es por la alteración del sistema nervioso central, (SNC) el estrés, la ansiedad, trastornos de tipo afectivo, como la distimia maníaca, (euforia, regocijos, hiperactividad, aceleramientos, desinhibición, etc), la distimia depresiva, (tristeza, melancolía, añoranza, desesperanza, abatimientos, angustia, falta de interés, sensaciones de pobreza espiritual, desamparo emocional, vacío interior, etc.

Ambas distimias y los trastornos afectivos, se pueden presentar de manera simultánea en las personas con este tipo de patologías, entonces el sujeto que es maníaco depresivo no sólo suele comerse las uñas, sino que algunos enfermos hasta se comen la piel, dejándose los dedos descarnados.

Pero en fin... dejemos a un lado los casos clínicos y hablemos de los casos de enamoramiento ¿Les parece?, miren pondremos un ejemplo muy clásico:

Las chicas en edad de la pubertad, son muy enamoradizas, se ilusionan muy fácilmente y tambien se desilusionan con suma facilidad. La mayoría de las veces terminan comiéndose las 10 uñas de las manos y si pudieran, créanme que terminarían comiéndose hasta las uñas de los pies.

¿Por qué sucede ésto?

Pues esto sucede por una simple y sencilla razón; la adrenalina corre por las venas al mil por hora debido a las sensaciones producidas por los primeros escarceos en la edad de la mocedad. Los primeros retos amorosos son muy difíciles para los chicos y chicas, pues la mayoría se enfrentan a la dura prueba de tener que vencer la timidez, el pudor, y otros a la estresante espera de saber qué se siente dar o recibir el primer beso de amor.

Las chicas especialmente se ruborizan al grado del semáforo, de pronto se ponen rojas, y enseguida cambian de color, se ponen pálidas, les tiemblan las piernas y hasta dolor de estómago les agarra de nervios, se sienten desmayar cuando ven que se acerca el chico de sus sueños, y puf... ¡Terminan comiéndose las uñas! ¿Qué remedio? si eso no es novedad, sino una andancia... igual:

Cuando se trata de las mujeres que no dejan pasar por alto las emociones fuertes, las dulces promesas del ser amado junto al oído, las películas de misterio, de acción, de terror, o las señoras que no se pierden sus telenovelas, ¡Todas se comen las uñas!... caray; seguro porque no tienen algo más cercano que comerse, que sus pobres uñitas. ¿verdad?

Entonces, sintamos alto este mensaje y pensemos claro: ¿Soy una mujer que me como las uñas?. Si lo soy, tengo un compromiso conmigo misma: "Cambiar ese hábito sucio y feo". Aparte de que se ve mal y es de muy mal gusto, encima nos comemos millones de colonias de bacterias de toda especie que van directo al estómago, ¿Y luego nos quejamos que algo nos cayó mal? ¡Seguro fue la mugre de las uñas que nos comimos! y que dicho sea de paso, esa mugre tambien es la culpable de las manchas en la piel, el paño, el acné, los barritos, las espinillas y protuberancias mil que hacen erupción por todos los poros de nuestra piel, ¿quieres más y mejor explicación de todo lo que te pasa?, síguete comiendo las uñas y luego me contarás, ¿de acuerdo?

Moraleja:
Todo es rico en su sazón, pero cuidado de no dejar tus uñas en cada tazón.

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Mujeres histéricas, o históricas?



¿Mujeres histéricas, o históricas?


Todas nosotras sabemos que el mundo actual en el que vivimos, se debate entre los múltiples problemas sociales, económicos, políticos, raciales, territoriales, contaminación de toda especie, etc., sin ninguna esperanza de poder algún día llegar a la tan anhelada solución de la multifacética problemática mundial.

Pareciera ser que todo en nuestro mundo está llegando a un punto decisivo de angustia y desesperación; la explosiva resolución de la naturaleza humana nos está cobrando a nosotras las mujeres, un precio muy alto, una factura con saldos muy elevados, muy costosos que en la mayoría de los casos, algunas damas ya no están dispuestas a pagar, especialmente en materia de sentimientos y emociones mal entendidas y mal canalizadas, con resultados muy tristes, lamentables y catastróficos.

Y la verdad amigas queridas es que no resulta nada fácil subirnos al ring de la existencia femenina solamente como espectadoras, siempre somos nosotras las mujeres las que nos llevamos la peor parte, y algunas hasta piden esquina y gritan, se desgarran, patalean en medio de grandes crisis emocionales: “Por favor, paren al mundo que me quiero bajar", y se quieren bajar del mundo para no salir completamente noqueadas o encerradas como locas en su cárcel de frustraciones y fracasos.

Otras mujeres hasta se sienten anticipadamente vencidas por sí mismas antes de luchar, atrapadas, tragadas por el cotidiano vivir mecanicista en el que han perdido miserablemente su precioso y valioso tiempo, su sentido, su rumbo y su sintonía con la vida. Se sienten devastadas por su propio desaliento, enajenadas en su mundo de lamentos y confusión; lo sienten como un verdadero callejón sin salida, buscan afanosamente una puerta de escape, o de emergencia para salir corriendo, pero en el intento por arañar pisos y paredes de su aleteo agonizante, se sienten aún más agobiadas y extraviadas en el bosque de su pobre vida.

¡Por Dios, mujeres bellas!… ¿Qué nos está pasando? ¿Qué no somos acaso, reinas de la naturaleza misma?

Pero no; algunas mujeres no se sienten reinas, sino víctimas del escorial, convertidas en meras mofas humanas con ojos insensibles, rumiando sus propios dolores, lamiendo como fieras sus viejas heridas sentimentales, causándose y causando lástima y encima propagándola por todo su entorno.

Se quejan estas mujeres de noche y de día de todo y por todo, argumentando ilusamente: “Es que yo ya no puedo cambiar”, “Es que yo ya soy así”, “Es que mi esposo es alcohólico”, “Es que me dice que soy una vieja histérica”, “Es que hasta me dice que soy menopáusica”, “Es que me engañaron”, “Es que me traicionaron”, “Es que me dejaron”, “Es que se burlaron de mí”, “Es que estoy enferma”, “Es que soy muy pobre”, “Es que soy muy torpe”, “Es que soy muy gordita o muy flaquita”, “Es que no tengo suerte”, etc.

¡Hey… Momentito… Alto; quietas todas allí! ¿Cómo se llama todo éso?
Todo eso se llama: Pretextos, excusas, más excusas y más pretextos cada día.
¡Entendámoslo aquí y ahora porfa de una santa y buena vez!

¿Qué nos duele a las mujeres que nos llamen histéricas?… ¡Sí; nos duele mucho! ¿Pero se han puesto a pensar por qué nos hemos ganado con tanto éxito ese tristemente célebre galardón? ¡Por ingenuas, pero no por mulas! (Perdón que lo tenga que decir así)

La mujer no es histérica sino histórica mis amigas queridas. La histeria viene después de la historia. Nosotras las mujeres somos tan, pero tan audaces y tenaces que nos empeñamos en ir guardando todas las penas, tristezas y dolores en el alma… ¡Hasta que reventamos como palomitas de maíz!

Obvio…¡Nos llaman: Histéricas!. Qué fácil; pero qué fácil les resulta a algunos señores (hay excepciones), colocarnos en el cuello esa preciosa etiquetita rara ¿no?, Pero… ¿Conocen acaso esos hombres el verdadero motivo, circunstancia, causa o razón de que las mujeres adoptemos a veces conciente o inconcientemente tan grande canasta de sufrimientos, pesares y lágrimas en el alma?

¿En nombre de qué, o de quién… ¡Dios Santo!, se sienten con derechos de juzgar y hasta de condenar tan severa y duramente al corazón de la mujer?

–No lo entiendo-

¿Será que las mujeres somos tan tontas o tan brutas (vuelvo a pedir perdón por hablarlo así), como para no poder entender que el corazón de la mujer jamás ha estado, ni estará jamás a discusión?

El corazón de la mujer amigas queridas (histérico o histórico), no es una máquina o una caja de circuitos, silicones y alambres. El corazón de la mujer es el centro mismo donde Dios toma sus decisiones de vida. Pero si el “hombre” no puede, o no quiere entenderlo de esta manera, ¡Está frito!, ¿Qué más podemos esperar de él?

Y sintiéndolo mucho con el corazón abrazado del alma, pero con esas actitudes prepotentes, burdas, prosaicas y soeces del macho incompetente, inmaduro e irresponsable, altanero y grosero, a nosotras las mujeres se nos coloca en la dulce posición de tener que expresar con mucha ternura, delicadeza y agradecimiento: “Lo siento mucho querido, pero tus derechos terminan, donde los míos comienzan, te guste o no”.

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

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