¿Quieres ser una mujer nueva este año?
“La noche me mira tras la ventana vestida de luces, escarcha y una fresca algarabía que besa el alma, pero mi alma en la penumbra, se pregunta: ¿Dónde estás ángel del alma mía, que estampas en el recuerdo, el aroma de la añoranza? y en la bruma se escabulle tenue y sutil el laberinto que esconde mi tristeza que esta noche me zambulle en el negro crespón de la desesperanza, adornado de estrellas, soles de melancolía, vestidos de diamantinas y perlas, resbalando por mis mejillas, es la brisa de mis ojos… ¡Qué agonía! Y allá en el fondo de todo mi ser profundo, el corazón contesta: ¡Que sola estás mujer, con tantas luces en tu alma!”
¿Cuántas mujeres en el mundo nos sentimos así al despedir un año e iniciar uno nuevo?
Sí; ya empezamos un nuevo año amigas y ponerle queremos, mil sonrisas a nuestras penas, pero no podemos engañarnos, el dolor y el sufrimiento no desaparece de la noche a la mañana como por arte de magia, ¡Tenemos que hacer que los milagros sucedan en nuestra alma! porque el mismo corazón lo exige y lo reclama.
¿Qué tenemos que hacer?, iniciar proyectos de vida, hacer lo que no hemos hecho, enlistar nuevas metas y tener continuidad de propósitos, permitirnos ser mujeres distintas, renovadas y encender la hoguera de la fe en sí mismas, respirar nuestra propia luz y nutrir el espíritu de nuestro propio amor si realmente queremos aprender a amar y sentirnos mujeres nuevas o renovadas, pero sobre todo, aprender a valorar lo que aquí y ahora tenemos, sin dejar de dar gracias a Dios, por lo que no podemos tener.
Me dirán que el amor duele, que al amar se sufre y les concedería toda la razón, cuando uno ama, sí se sufre y hasta se llora, pero ¿saben por qué?, porque al amar, uno se dona, se entrega en cuerpo, alma, sentimiento y razón, cielo y luz en el dintel que aclama, abrazar al amor o a un corazón… ¡En la flamígera llama! y es esta llama del amor lo que duele más allá de la piel, y duele doble cuando no puedes estar con el ser que más amas.
Esto puede sonar poético y hermoso, pero la verdad es que un corazón de fuego, es el que tiene la mujer cuando ama de esa manera, con el corazón encendido, devorador, altivo y ardiente, capaz de hacer hervir el agua a 100º cristalizando todo lo que tiene que cristalizar y depurando todo lo que sobra, indigesta e intoxica. ¡Qué pocas personas saben amar así!, pero...
¿Qué misterios encierra el privilegio de ser mujer?, ¡Uno sólo!... ¡El privilegio de saber y poder amar sin pedir ni dar explicaciones!, no todos los seres humanos saben, ni pueden amar con tanta intensidad como lo hace la mujer. Ni pueden parir como lo hacen las mujeres, ni son capaces de convertirse en bálsamos curativos, como puede resultar ser la caricia, el beso, o la simple sonrisa de una mujer.
Podría sonar irónico, adulador y hasta vanidoso que una mujer sea quien escriba esto de su propio género ¿verdad? Pero nadie mejor que una mujer podría conocer con tanta precisión, exactitud y excelsitud lo que siente, piensa, quiere y vive otra mujer o todas las mujeres en general. ¿Por qué no reconocer nuestros valores y privilegios? La presunción a veces es sinónimo de seguridad, confianza y fe, siempre y cuando sepamos lo que estamos diciendo, o a qué nos estamos exponiendo, y cuál podría ser la magnitud y alcance de lo que estamos sintiendo, sin perder la ubicación ni la esencia de nuestro real ser.
Además, es válido conocer y reconocer nuestros logros y nuestras limitaciones, ¡Claro que es válido ¿Porqué no?. Este inventario es oportuno y justo en estos días en que empieza un nuevo año con todas las peripecias, horizontes y perspectivas que nos esperan de la vida… ¡Seamos mujeres con visión!, construyamos juntas aquí y ahora, nuevos caminos a la luz, a la fe, al amor y a la esperanza, pero también al trabajo, a la rectitud, a la honestidad, a la generosidad, a la prudencia, a la tolerancia, a la caridad y a la misericordia, ¿Tienes confianza en ti?... ¡ENTONCES...LEVANTATE!... ¡Dame tu mano y camina conmigo! ¿Te atreverías a acompañarme en este viaje?
Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.
¿Cuántas mujeres en el mundo nos sentimos así al despedir un año e iniciar uno nuevo?
Sí; ya empezamos un nuevo año amigas y ponerle queremos, mil sonrisas a nuestras penas, pero no podemos engañarnos, el dolor y el sufrimiento no desaparece de la noche a la mañana como por arte de magia, ¡Tenemos que hacer que los milagros sucedan en nuestra alma! porque el mismo corazón lo exige y lo reclama.
¿Qué tenemos que hacer?, iniciar proyectos de vida, hacer lo que no hemos hecho, enlistar nuevas metas y tener continuidad de propósitos, permitirnos ser mujeres distintas, renovadas y encender la hoguera de la fe en sí mismas, respirar nuestra propia luz y nutrir el espíritu de nuestro propio amor si realmente queremos aprender a amar y sentirnos mujeres nuevas o renovadas, pero sobre todo, aprender a valorar lo que aquí y ahora tenemos, sin dejar de dar gracias a Dios, por lo que no podemos tener.
Me dirán que el amor duele, que al amar se sufre y les concedería toda la razón, cuando uno ama, sí se sufre y hasta se llora, pero ¿saben por qué?, porque al amar, uno se dona, se entrega en cuerpo, alma, sentimiento y razón, cielo y luz en el dintel que aclama, abrazar al amor o a un corazón… ¡En la flamígera llama! y es esta llama del amor lo que duele más allá de la piel, y duele doble cuando no puedes estar con el ser que más amas.
Esto puede sonar poético y hermoso, pero la verdad es que un corazón de fuego, es el que tiene la mujer cuando ama de esa manera, con el corazón encendido, devorador, altivo y ardiente, capaz de hacer hervir el agua a 100º cristalizando todo lo que tiene que cristalizar y depurando todo lo que sobra, indigesta e intoxica. ¡Qué pocas personas saben amar así!, pero...
¿Qué misterios encierra el privilegio de ser mujer?, ¡Uno sólo!... ¡El privilegio de saber y poder amar sin pedir ni dar explicaciones!, no todos los seres humanos saben, ni pueden amar con tanta intensidad como lo hace la mujer. Ni pueden parir como lo hacen las mujeres, ni son capaces de convertirse en bálsamos curativos, como puede resultar ser la caricia, el beso, o la simple sonrisa de una mujer.
Podría sonar irónico, adulador y hasta vanidoso que una mujer sea quien escriba esto de su propio género ¿verdad? Pero nadie mejor que una mujer podría conocer con tanta precisión, exactitud y excelsitud lo que siente, piensa, quiere y vive otra mujer o todas las mujeres en general. ¿Por qué no reconocer nuestros valores y privilegios? La presunción a veces es sinónimo de seguridad, confianza y fe, siempre y cuando sepamos lo que estamos diciendo, o a qué nos estamos exponiendo, y cuál podría ser la magnitud y alcance de lo que estamos sintiendo, sin perder la ubicación ni la esencia de nuestro real ser.
Además, es válido conocer y reconocer nuestros logros y nuestras limitaciones, ¡Claro que es válido ¿Porqué no?. Este inventario es oportuno y justo en estos días en que empieza un nuevo año con todas las peripecias, horizontes y perspectivas que nos esperan de la vida… ¡Seamos mujeres con visión!, construyamos juntas aquí y ahora, nuevos caminos a la luz, a la fe, al amor y a la esperanza, pero también al trabajo, a la rectitud, a la honestidad, a la generosidad, a la prudencia, a la tolerancia, a la caridad y a la misericordia, ¿Tienes confianza en ti?... ¡ENTONCES...LEVANTATE!... ¡Dame tu mano y camina conmigo! ¿Te atreverías a acompañarme en este viaje?
Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.










