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lunes, 20 de enero de 2014

LA CULPABILIDAD


LA CULPABILIDAD

Dicen que la culpabilidad tiene cara de mujer, pero una cara que también a veces llora y sufre sus propias necesidades, sus propias confusiones y sus propias desventuras.

No ha de ser tanto quizá por haber amado tanto, o por haber deseado ser amada o comprendida, sino por creer, por confiar, por desear o tal vez por la propia orfandad afectiva cegadora de la mujer.

La culpa entonces, no es ajena en estos casos sino propia, cuando la mujer inquiere, siente, sueña, idealiza y se pierde en el laberinto de su añoranza de ser la mujer amada, y en ese estado lamentable se olvida de ser lo que ella quiere ser y mendiga... Sí; mendiga las migajas de amor que alguien le pude tirar a sus pies, las mendiga y las recoge como si se tratara de migajas "sagradas" y más... hasta se arrodilla y da las gracias por la ilusión recibida, cual si fuera una limosna que le ha salvado la vida.

Por culpabilidad, la mujer no se da cuenta que ella misma es la carcelera de sus propios desalientos, no se da cuenta de que es ella quien posee la llave para abrir los baúles de su propio tesoro: Los valores de su Ser inmortal, las inteligencias y sabidurías que guarda en su mente y en su corazón trascendidos más allá de la piel, o más allá de los territorios de su propio trauma.

La ingenuidad y la culpa van siempre de la mano y son sin duda una forma de ceguera para el ser humano, y una mujer ilusionada a veces tiene que cerrar los ojos para no mirar lo que ya le es insoportable, se bloquea para no pensar en lo impensable, para dejar de justificar lo que en el alma sabe y le lastima, saber que es injustificable: Jugar con el corazón y los sentimientos de la mujer es el acto de mayor cobardía en este mundo o en cualquier otro mundo de conciencia universal.

Entonces, cuando se toca fondo en el dolor, es el momento quizá en que puede quedarle muy claro su destino, atravesando por el umbral del tiempo y todos los tiempos y es allí, justo en ese momento en que tiene que saber que ha pagado muy alto el precio de su osadía.

Y al día siguiente de nuevo... ¡El silencio!, algo no se puede mirar ya, o algo ya no se escucha en los parlantes de la conciencia profunda del alma, quizá la culpa, quizá la mancha de sentirse vacía, usada, manipulada, engañada y hasta sucia por haber entregado su virtud más preciada, a un perfecto desconocido.

Culpable, tonta y ciega sí; (Más que ofendida), así se descubre de la noche a la mañana, recogiendo de su mesita de noche, las monedas negras a cambio de sus servicios nobles. No hay que pensar, ni nada más a qué apelar, ni nada más que analizar a su ciclotímica melancolía, sólo pide a su psiquiatra en turno: "Deme todo el Prosac posible Doctor... ¡Por favor!"

Doral.
20-01-2014

miércoles, 23 de octubre de 2013

EL DOLOR EMOCIONAL.


EL DOLOR EMOCIONAL.
(¿Hasta dónde es normal, o llega a transformarse en enfermedad?)

En forma general, la vida es alegre, sin embargo tiene sus altas y bajas.  El dolor es una parte inevitable de nuestra vida, sin embargo no pienses que naciste para sufrir.  Así como todos sabemos que el dolor físico, finalmente se cura y deja de doler, el dolor emocional finalmente cede.  El problema está en poder entender este concepto.

No busques una cura para lo que es normal.  El dolor emocional puede ser causado por la muerte de un ser querido, una pérdida, un rompimiento, o por la crueldad de algo o de alguien.  Es normal sentirse dolido por un tiempo.  Sólo una persona muy fría puede ser ajena al dolor emocional.

No pretendas que no te importa.  El dolor es real y debes enfrentarlo.  De no hacerlo no lograrás superarlo.  No trates de apresurar este proceso, pero tampoco lo disfraces.  Date tu tiempo para sentir el dolor y dejar que tus sentimientos afloren, no trates de esconderlos o suprimirlos.

Identifica todos tus sentimientos. ¿Realmente estás dolido, o estás enojado?, ¿Te sientes traicionado, inseguro o asustado?.  El que identifiques cómo es que en realidad te sientes, te ayudará a salir más rápido del dolor.

Habla con alguien. Hay veces que el dolor es tanto que te es difícil hablar de eso con alguien.  Sientes que nadie te entenderá.  O tal vez sientes que nadie siente lo que tú sientes.  Tal vez estés en lo cierto.  Sin embargo no necesitas que nadie te entienda, necesitas alguien que te escuche.

No dejes que nadie te diga que tus sentimiento no son reales.  Tus sentimientos son reales, significativos e importantes, además son tuyos.  El sentirte mal no quiere decir que jamás vayas a ser feliz.  Siente tus sentimientos, piensa tus pensamientos, pero date cuenta que sólo son éso... ¡Sentimientos y pensamientos!.

Saca de tu mente tu persona y lo mal que te sientes.  Te sientes faltal cuando recuerdas lo que pasó ¿verdad?.  Déjeme decirte algo:  Tienes todo el derecho de sentir lástima por ti, pero no exageres, siéntete mal 10 minutos, una hora, dos horas, medio día, todo un día,  o más... es okay... ¡Vívelo, siéntelo, explóralo, conócelo... Es tu dolor!, pero después... ¡Suéltalo, déjalo ir!, está bién... hey... de verdad todo estará bien, y tu valiosa vida debe continuar adelante.

Sal con tus amigos, prométete no hablar de tu dolor más allá de cinco minutos.  Hasta el dolor necesita de vez en cuando un poco de respiro.  Permítete disfrutar de la compañía de otras personas y de hacer cosas que disfrutas.  Siempre habrá tiempo de llorar nuevamente, pero en este momento... ¡Por favor, ya no!

Date un tiempo para sanar.  Permite que el tiempo pase.  Muchas veces ciertos episodios necesitan un período de duelo, deja que ese tiempo pase y pronto comenzarás a sanar.  No dejes que tu dolor defina. Recuerda que tú eres más grande que todo aquello que te ha causado dolor y que tienes un pasado y un futuro.  Tienes conciencia y creatividad.  Este es un episodio que pronto quedará atrás. Todo pasa en esta vida... ¡Todo!, hasta nosotros.

Escribe una carta.  Escribe cuales son tus sentimientos. Trata de incluir mensajes positivos. Si no te gusta escribir, habla con alguien cercano o con un psicoterapeuta.  No trates de justificarte, simplemente saca lo que traes por dentro.  Aléjate de las afirmaciones que te culpan o culpan a otros.  Toma la responsabilidad de tus acciones y de tu parte en aquello que salió mal, pero no comiences a repartir culpas porque estarás cayendo en otro nuevo error.

Aprende de esta experiencia dolorosa. ¿Qué vas a hacer con ella?, recuerda que la experiencia no es lo que viviste en la vida, sino lo que haces con lo que viviste en el pasado, no te culpes por favor, ni culpes a otros... lo que pasó sólo ha sido un tropiezo de enseñanza para ti y para la otra persona, pero nada más.  Mira que la vida te plantea dificultades de modo que aprendas de ellas y salgas fortalecido.  Las personas que tienen una vida fácil, se derrumban ante la mínima dificultad. Todo aquello que no te destruye, te hará más fuerte.

Haz una lista de "agradecimientos".  Escribe una lista de cosas por las que estás agradecido, como el tener un techo, un hogar, una familia, una cama calientita, un plato de sopa siempre en tu mesa, y eso te llevará a pensar en las personas que se preocupan por ti y en las cosas buenas que hay en tu vida. Todo esto te ayudará a salir de tu trauma.

Si el dolor va más allá de una semana o has perdido la esperanza y piensas en la venganza, o que tu vida ya no tiene sentido, o piensas hasta en el suicidio, seguramente estás reprimiendo o suprimiendo tu dolor, no lo has elaborado, ni enfrentado, ni confrontado ni afrontado tal como debería de ser, o seguramente  pudiese ser que también hay otros temas anteriores que han quedado sin resolver en el pasado, círculos que aún no has cerrado y deben ser cerrados.  

No puedes ni debes seguir alegando ni reclamando por lo que sucedió, y mucho menos debes seguir tratando de castigar a otros si ya decidiste perdonar y más si lo has hecho de corazón. Recuerda que  la misma corte de justicia no juzga ni condena dos veces un mismo delito.  ¿Tú crees que Dios sí lo hará?,  ¡Jamás!, porque Dios no castiga.  ¿Porqué has de seguir haciéndolo tú el resto de tu vida? ¿Crees que eso es sano?... ¡No!, no lo es... ni para tí, ni para esa otra persona ni para nadie.

Finalmente sólo me resta decirte, que las estrategias anteriores son formas saludables para lidiar con el dolor, sin embargo hay cosas que suceden en nuestra infancia que en lugar de haberse resuelto en su momento,  se quedaron como parte de nuestra vida.  Si hay algo que realmente te duele y ese sentimiento ha durado demasiado, quizá requieras de ayuda profesional.

Es normal sentir pena o dolor por algún tiempo, ¿Cuánto?  Esto depende de ti.  No te dejes apresurar, pero tampoco pretendas vivir así toda la vida.  Si después de algún tiempo no mejoras, busca ayuda profesional, antes de que realmente pierdas lo más valioso que tienes en la vida, que es tu salud física y mental. 

Cuando tienes salud en abundancia, también tienes la capacidad suficiente para asimilar el dolor emocional que sientes ahora y cualquier otro dolor que se te atraviese en el camino de la vida. Eso es todo.


Comentarios: (Psicología Afondomx)
Psic. Rosa María Beltrán Soto
Consultorio (667) 2 75 10 34
Cel. (6671) 21 66 47
Adaptación para Aurora de la Luz Inmortal:
Psic. Doral.

viernes, 5 de octubre de 2012

HOY... ¡UN DIA MUY ESPECIAL!



Todos los días son hoy... pero ay, cuánto duele un día como hoy por muchos motivos, tristes y alegres, conmemorativos y significativos, añorantes y recordados continuamente, a través de todas las estaciones del año, a través de todas las fechas especiales, a través de cada hoja que cae del calendario, a través de cada hora que deja atrás el reloj, a través de cada suspiro y a través de cada álito de la que todavía es mi vida... etc., Pero un día como hoy, es difícil sacarlo del pensamiento y del baúl de tantos recuerdos que perduran frescos y vivos en la memoria del alma y qué curioso parece todo ésto pero, a pesar de todo y desde mi propio hoy, sólo me pregunto una cosa: ¿Cómo será su día hoy?

Quiero creer que será feliz, muy feliz porque aún tiene vida, porque aún puede respirar y sentir el roce de los rayos de sol, porque aún el agua puede saciar su sed y el mismo suelo de la tierra, puede sostener sus pasos y porque aún tiene una familia... Sí; una familia bien integrada, una familia unida, una familia que siempre lo ha sido todo para él, una familia que más que su refugio amoroso, ha sido siempre su fuerza, su orgullo, su sostén profundo de hermosas convicciones, su motivo de vivir y su luz, una verdadera familia que atesoro en mi propio testimonio de vida, porque alguna vez también esa familia la sentí mía, muy mía y eso nada ni nadie lo va a poder cambiar jamás, y yo apelo a la divinidad para que siempre lo siga siendo y sintiendo así, aunque sea en mis recuerdos, en mi mente y en lo más profundo y hermoso de mi corazón de mujer, que a través del tiempo, la distancia, la eternidad y en la paz suprema de mi silencio interior profundo, lo siga amando con todo mi ser, pero eso él ya nunca lo sabrá, sólo deseo saber que él es y sigue siendo un hombre feliz... muy feliz para que siga dando felicidad a manos llenas a todos esos seres que sí han sabido ser tan especiales en su propio corazón.


Hoy... otro día más... pero ¡Un día muy especial!... que merece un aplauso cerrado, allá donde todo es posible, a través del mundo de mis sueños, donde vive y habita eternamente mi adonis guerrero, mi pegasso extendido, mi hombre-niño de palabra ostra, mi ángel mensajero que un día llegó a mi vida trayendo toda una galaxia de estrellas que convertida en letras de color azul, como el tul de ilusión, se transformaban en rosas que alguna vez me regaló...  ¿cómo olvidar sus palabras? con esa voz de trueno desde el extremo sur tan lejano de mi mundo, que más que sacudirme toda, me hacía renacer gloriosa, aferrada a su sentimiento hidalgo, que engalardonaba heraldo mi propia existencia y naturaleza humana.

Con mi potente abrazo, ¡un surco de gloria en su corazón de cielo inmortal!

Doral.
05/10/2012


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