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viernes, 6 de abril de 2012

¡El más grande Amor!

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¡El más grande Amor!


¿Cuántas veces nos preguntamos qué es lo mejor para nuestra vida?, ¿Cuántas veces soñamos con ese ideal de hogar, de familia, de pareja, de trabajo y de vida misma?, ¿Cuántas veces nos tiramos a matar en la desesperación y el llanto, sufriendo a raudales por cosas inútiles?, ¿Cuántas veces ponemos en el corazón, el anuncio de nuestro sufrimiento en el dulce desvarío?

Corremos por la vida a velocidades vertiginosas buscando incesantemente ese "algo" o a ese "alguien" que le de sentido a lo que hacemos, que ilumine lo que queremos, que nos conceda lo que soñamos, que nos realice todo aquello que idealizamos, que nos aliente en lo que vivimos, que nos acerque todo lo que quisieramos tener y poseer por siempre. Y Ponemos nuestra esperanza y nuestra fe en ese "algo", o en ese "alguien" desconocido y nos aferramos con todas las fuerzas del alma en ese sueño que muchas veces resulta inalcanzable, enganchándonos inmisericordemente a una cadena de sinsabores, soledades, añoranzas, errores y fracasos, cuando nos damos cuenta que la naturaleza no procede con apresuramientos y que la vida no cumple caprichos enajenados.

En la ilusa vaguedad del cotidiano vivir, buscamos ansiosos la esperanza, y la espera duele cuando pasa el tiempo y es la soledad quien abraza con ternura al corazón que sueña y sigue soñando con el más grande amor que sigue buscando por todos los rincones de la existencia. Buscamos afanosamente a ese "AMOR", a ese "SER", que llene nuestros vacíos existenciales, considerándolo casi como una meta, o un compromiso ineludible.

No queremos darnos cuenta que en ese desgarrador esperar, (ante el dolor inclemente) se nos están llendo día a día, muchos trocitos de vida, muchos pedacitos de ilusiones frustradas, y en la sangre nos duele el alma, nos duele el sentimiento, nos duele el pensamiento, nos duele el amor, nos duele todo...
¡Más allá de la piel!

Qué pobre parece esta lucha estéril,
Qué iluso camino el de la espera sin razón,
Qué ironía jugar con las cuentas del destino así, sin más...
Qué atrevida parece la tristeza, que sin piedad ni permiso...
¡Hace su nido en el corazón!

Queremos encontrar casi a la fuerza el príncipe azul de nuestros sueños, o la princesa ideal del cuento de hadas. Queremos que casi por obra de magia, llegue la buena fortuna a nuestras casas y nos llene de todo de manera gratuita o casi de manera regalada ¿Porqué tiene que ser siempre así?, ¿Porqué no queremos darnos cuenta de que para tener derechos a pedir, primero tenemos que merecerlo? y vaya que la misericordia divina está más allá de todo "merecimiento" por decirlo de alguna manera.

Es bueno pedirle a Dios lo que tu corazón anhela, es apenas un acto de humildad que no le está prohibido a nadie, pero déjate de hacerte el o la mártir, no quieras convertir a Dios en tu cómplice favorito, porque Dios no es un tonto al que pretendes atrapar con tus chantajes sentimentales, con tus lágrimas de cocodrilo y con tus jueguitos de niña(o), ingenuamente pretenciosa(o). Date cuenta que sufres porque quieres, nadie te tiene sufriendo a la fuerza, ni en ese estado tan lamentable en el que te encuentras ahora. Si estás sola(o) es porque no has sabido relacionarte, socializar de manera correcta, ni valorar lo que has tenido hasta hoy. ¿Estás ciega(o)? ¿Estás coja(a)?, ¿Estás manca(o), ¿Tu piel tiene lepra y se te está cayendo a pedazos? ¿No sabes pensar? ¿No sabes hablar?...¿NO VERDAD?...ESTAS SANA(0), y puedes luchar por lograr tus sueños.

¡Deja de lamentarte!, ya permitiste que te aplastaran, que se burlaran de tí, que te humillaran, que te devaluaran, que te maltrataran. Ya te denigraste, ya te limitaste, ya te anulaste ¿Qué más sigue?, ¿Que baje Jesús de la Cruz con su corazón lascerado para limpiarte las lágrimas y los mocos de tu estupidez oscura?

¡Es hora de levantarte y reconstruirte mujer!...Es tiempo de conversión hacia nuestro Padre Celestial.
¡Es hora de nacer a lo nuevo hombre! a tí que me lees, ¡Es hora de salvar El Más Grande Amor!... EL DE DIOS.

La elección es vuestra VARON, CUIDA, AMA Y PROTEGE A TU MUJER...
La decisión es vuestra MUJER, SALVA A TU HOMBRE, CON EL MAS GRANDE Y PURO AMOR.

Y EL AMOR MÁS GRANDE Y PURO DEL MUNDO, SE MANIFESTÓ ENTRE VOSOTROS MISMOS Y DIJO:

"Porque de cierto os digo, que estoy y estaré con vosotros todos los días, y hasta el fin de los tiempos. Amén" (Mateo 28:19)
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¡Jesús mío!
¡Padre mio!
¡Señor mío!
y ¡Dios mío!

¡Perdónalos porque no saben lo que hacen!

Doral.
Viernes Santo,
06 - Abr - 2012

jueves, 21 de abril de 2011

¡Bendito seas por siempre Señor!







¡Bendito seas por siempre Señor!


Cuánto recuerdo a mis padres en semana santa, recordar de nuevo los recuerdos, es revivir con suprema devoción mis primeros tres o cuatro años de vida, cuando todas las mañanas al aclarear al alba, serían las 5:30 a.m. en punto, lo primero que hacía era levantarme emocionada de mi cama, para salir como venadita veloz y corriendo hacia la casa de mis abuelos, subirme a un frondoso árbol de ciruelo para ver salir los primeros rayos de sol, no había espectáculo más maravilloso para mí y lo disfrutaba enormemente.

Pensaba en mi mente infantil, que los rayos del sol, eran los caminos para llegar a Dios, no podía perderme aquel espectáculo tan maravilloso de ver al astro rey radiante, glorioso, magestuoso asomándose por la colina o colándose por las copas de los árboles.

Y preguntaba a mamá y a la abuela: Quién era Dios, dónde estaba para poder conocerlo, para poder amarlo y sentirlo. Ellas me contestaban que DIOS vivía en mi corazón, pero aquella respuesta me era insuficiente, yo quería mayores explicaciones, respuestas que poco a poco fueron llegando conforme fui creciendo.

Llegaba semana santa y con ella las más hermosas tradiciones familiares. Había que ayudar a mamá a preparar anticipadamente la comida para los tres últimos días mayores (miércoles, jueves y viernes santo). Aún me llega a través del tiempo, el olor al pan sin levadura, los tamales, la capirotada, frituras de maíz, coricos y pinturitas, el arroz mexicano, el agua bendita de tamarindo fermentado endulzada con miel de abejas, y las ramas verdes que olian tan rico con florecitas de manzanilla en un jarrón.

Con tanta alegría recolectábamos limones frescos del huerto de mi abuelo, jitomates, chiles anchos y cebollita verde. Más tarde ibamos todos a traer la fruta: Papaya, naranjas, sandía, limas, mangos y cacahuates. Mis padres juntaban todos los huevos frescos del gallinero. El abuelo ordeñaba sus dos cabras en el corral y todos tomábamos la leche tibia, recién ordeñada, así natural, sin hervir, qué suculento manjar, hasta espuma se nos quedaba en la boca.

La alacena estaba lista para recibir la semana santa. El miércoles justo a las 12 en punto de medio día, empezaba el ritual familiar. Todos reunidos en un pequeño altarcito familiar renovábamos los votos de amor a JESUS el CRISTO en nuestros corazones.

El abuelo con profundo recogimiento espiritual, encendía las velas que permanecerían vivas y encendidas hasta el sábado de gloria. La abuela nos enseñaba que teníamos que permanecer en el más absoluto silencio posible durante ésos días santos en que todo en casa era oración y música celestial que se escuchaba por la radio del pueblo.

Nadie podía hacer nada, las labores domésticas habían de esperar, cada uno de nosotros recogía su plato y sus cosas, haciendo el más posible ayuno de verbo. Mi madre guardaba su costurero porque decía que cada puntada que le diera con la aguja a su costura, era como clavársela en la espalda al Señor. Mi padre permanecía todo el tiempo a nuestro lado, auxiliando a sus doce hijos en sus más elementales necesidades.

"Sus doce pequeños apostoles, nos decía él",

Yo, la mayor de todos los hijos...ayudaba a mi padre a lavar los pies a mis hermanos en señal de rememoración de la "Ceremonia de lavatorio de pies de los 12 apostoles del Señor", mi abuela encendía el incienso de rajitas de canela desmenuzadas en un carbón al rojo vivo en una pequeña charolita de metal. Mi madre extendía los manteles color púrpura para secarnos los pies.

Viernes santo: Rodeados de mi abuelo Gregorio al centro, sentado en silla preferida "La potrona", (así le llamaba), le escuchabamos todos atentos, cuando él con suprema ternura y devoción, nos contaba serenamente sobre la vida, pasión y muerte de nuestro Señor JESUS EL CRISTO. Un gallo se escuchaba cantar triste a lo lejos, y en aquel silencio la más profunda espiritualidad.

Sábado de gloria; volvía la alegría a casa, terminabamos la ceremonia tradicional familiar que nunca olvidaré, tomándonos todos de las manos para hacer una gran cadena de irradiación de amor a la humanidad.

"Que todos los seres sean felices"
"Que todos los seres sean dichosos"
"Que todos los seres sean en paz".

Nos dábamos todos un abrazo fraterno y con un aplauso muy largo y los rostros felices, terminaba para nosotros la semana santa, y El Señor, se quedaría todo el año con nosotros en casa.

Aun perdura para mí en el corazón aquel ritual hermoso de mi niñez, y ahora que ha pasado el tiempo, rodeada de mi propia familia, cada sábado de gloria, nos tomamos de la mano para continuar la tradición y decir todos en voz alta y con el corazón abierto:

¡Bendito seas por siempre Señor!

Doral.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Noche especial de navidad.



Noche especial de navidad.


No existen palabras humanas para expresarte mi sentir, hoy que quiero decirte tantas cosas y no sé ni cómo empezar, qué curioso ¿no? a mí que me sobran las palabras, hoy no encuentro las adecuadas para derramar en ellas mi profunda confusión, impotencia y tristeza, pero una cosa me ha quedado clara esta noche de eventos inesperados, en que de frente supe lo que tú buscas de mí, la magnitud y alcance de las pruebas a las que he sido sometida por alguna poderosa razón.

No sé qué me duele más, si mis pies tan cansados o mi alma hecha pedazos pero hice lo que tenía que hacer, no me preguntes cómo me siento por favor, porque ni yo misma sabría responderte, sólo sé que estar de nuevo allí, como viejo estandarte del que muchos se aferran para conservar su honor y su gloria, cariño, devoción y recuerdos, me llevó a comprender el mundo de trabajo que allí reclama mi presencia ¿Qué podría responder? si la flaqueza de mis fuerzas piden a gritos justicia... ¡Por Dios!, Perdón y Justicia.

Apelo a la capacidad de tu gran Ser suplicando misericordia y justicia, por favor Padre, ¡Misericordia y justicia! sólo eso suplico en esta noche especial que te vio nacer, no lo pido para mí, sino para aquellos que en este momento están atravezando por momentos difíciles de gran indecisión. Te lo pido por aquellos que hoy tocan fondo en sus grandes errores y se sienten amenazados por las circunstancias generadas por la inconciencia. Piedad, ¡Piedad para ellos Señor!

Y sabiendome bendecida, sé que escucharás mi clamor porque te llevo en mí, en mi aliento, en mi sangre, en mi pensamiento y en cada latir de mi corazón, por siempre Señor: Entonces una vez más dejame que te haga el mejor de los regalos:

¡Oh, Amor de Dios!

Resurges Señor, trascendido de tu muerte y crucifixión, lavando con tu propia sangre, la traición de pecadores, perdonando injurias, acechanzas, y tu dolor de traiciones, sublimando con tu muerte al corazón… ¡Resucitando al Amor!

Y testigos de tu muerte, rompiéronse en sus cadenas, ciegos, cojos, sordomudos, enfermos y arrodillados, aliviaste con amor, la tristeza dolorosa de sus penas, y con tu hosana bendita, salvaste también a humillados, arrepentidos, exiliados, extraviados y desamparados.

Trajiste contigo la luz al mundo, mi Señor con tu presencia, oráculo de bendición, carne y sangre, es tu esencia de mar y cielo, heraldo, coloso y guerrero, adonis de las espinas, ¡Eres bálsamo y consuelo! camino, verdad y vida… ¡Un sentido a la existencia!

El perfume de las flores, se reclinan a tus pies en alabanza, se visten de mil colores, las ondinas y nereidas para bendecirte, el viento se transforma en brisa, que ha venido a saludarte, y los cielos y la tierra… ¡Se arrodillan ante ti, porque eres Bienaventuranza!

Quédate para siempre con nosotros Jesús mío, en las gotas de rocío, en la fuente virginal de la alborada, en el fuego celestial de la mirada, y en las aguas cristalinas del río, en el murmullo de los valles, en el canto de los pájaros anidando su enrramada, Alba, tierra, fuego y luz, transmutada en sembradío.

Horizontes de esperanzas, nacen briosos a la puesta del sol, a la vera del camino, son luz tus rayos de gloria y ascensión, y en motivos, se convierten las auroras de tu inmortal amor, siendo agua, siendo aire, tierra y fuego… ¡Siendo todo corazón!

Los cielos y la tierra os reciben con el alma… ¡Oh, Amor de Dios!
¡Muchas felicidades mi niño Jesús!

Doral.

viernes, 2 de abril de 2010

¡El dolor de una mujer!

¡El dolor de una mujer!


No cabe duda de que cuando se es madre; el corazón intuye a la distancia el peligro que corre el hijo de su carne y de su sangre; tal como sucedió en el corazón de la Virgen María, aquella noche que arrestaron a su hijo amado: ¿Por qué esta noche me parece distinta? -pensó María, sobresaltada pensando en ese momento en Jesús-

Mientras tanto, en ese momento Jesús se encontraba orando en el huerto de los olivos donde fue visitado por un espíritu del mal, incitándolo a la duda, al temor, al miedo, acechando su templanza para debilitar su fe, sin embargo, el hijo del hombre demostró su poder, trascendiendo toda tentación y elevando su más profunda oración al Padre: "En tí confío, en tí me refugio Padre, tú puedes hacer todo y si es posible, aparta de mí, este trago amargo"



Esa misma noche Jesús de Nazareth fue arrestado, fue vendido por 30 monedas y un beso de Judas. Fué trasladado ante los sacerdotes de aquella época, quienes lo inquirieron duramente, para posteriormente llevarlo ante el gobernador romano, acusándolo de perturbador, de blasfemo, de falso profeta y de que tenía pacto con el mal por curar enfermos, resucitar muertos y salvar a rameras... odiándolo porque se decía ser el Mesías, envidiándolo por enseñar a los más sabios del templo, sentenciándolo a muerte por ser el Rey de los Judios e hijo del Dios vivo.



Evidentemente el fanatismo religioso, la política, el César (Herodes y sus tributos) y la muchedumbre, fueron factores sociales incompatibles de ese tiempo, que en nada favorecieron a Jesús, a pesar de que sí hubo algunos... muy pocos que no le encontraron culpable, como Poncio Pilatos que prefirió lavarse las manos y entregar a Jesús a la Plebe.



María su madre de Jesús, presintiendo que la profesía anunciada estaba a punto de entrar en su etapa más dolorosa: La Pasión y muerte del niño que nació de su vientre para ser El Salvador del Mundo, corrió hacia su encuentro, acudió hacia donde tenían detenido a Jesús, y allí con su respiración suspendida, con su alma en un hilo, pero con su fe inquebrantable bien puesta en el Todopodoroso presenció todo, no sabía exactamente la magnitud del dolor que tenía que atravezar su propio hijo para cumplir con la misión encomendada por Jehová, pero sí estaba segura de que estaría junto a su hijo sucediera lo que sucediera, hasta el final.



Jesús fue castigado severa e injustamente, lo azotaron, lo escupieron, lo burlaron, lo patearon, lo golpearon brutalmente, para posteriormente ser crucificado. Rumbo al calvario y con su cruz a cuestas, lo seguían azotando frente a los ojos de la multitud enardecida, algunos de júbilo, otros de dolor, entre los que se encontraba su madre con el corazón destrozado al ver al hijo bañado en su sangre inocente y sacrificado sádicamente sin piedad. "Padre, Perdónalos porque no saben lo que hacen"


Allí frente al cuerpo de su amado hijo, María con el alma destrozada en mil pedazos, como el cuerpo de Jesús, abrazó a María Magdalena, sabiendo que los designios divinos habían sido cumplidos y que todo había terminado: "Padre... En tus manos encomiendo mi Espíritu". (las últimas palabras de un hombre que nació para entregar su sangre bendita, por el perdón de los pecados de la humanidad entera)


"Hijo mío"... "Carne de mi carne", "Corazón de mi corazón"... ¡Bendito Seas por siempre!

Rey de otro mundo tenías que ser, Padre Celestial, Rey del Amor, Rey del Perdón y Rey del dolor encarnado en la vida y en la muerte Señor, que has derramado hasta tu última gota de sangre por el perdón de los pecados. Que voluntariamente sacrificaste tu vida para salvar la nuestra. Que por el Poder del Padre, resucitaste al tercer día de entre los muertos, vives y reinas aquí y ahora, por los siglos de los siglos, quédate con nosotros. Amén.


Sábado de Gloria... ¡Ha resucitado el Señor! para asombro hasta de sus mismos discípulos, pero ellos saben que Jesús, sí llegó para quedarse con nosotros hasta el último aliento, hasta el último día de la humanidad. Su labor y misión voluntaria siguen siendo mantener viva su iglesia, y único camino hacia la verdad y la vida, a través del perdón y un nuevo códice: El del amor eterno e incondicional en nuestro corazón humano.

¡Jesús; confío siempre en ti!

Doral.

miércoles, 31 de marzo de 2010

¿Y tú, de qué te quejas?







Amigas queridas:

Semana mayor; tiempo de reflexión y amor,
acercamiento a nosotras mismas y a nuestras
convicciones de vida. Tiempo para pensar que la vida
es lo que nosotros hacemos de ella y que nada
ni nadie hará por nosotras, lo que nosotras
mismas no queramos hacer primero.

Nos quejamos de que no tenemos tiempo para nada,
nos quejamos de que los dineros no alcanzan,
de que no tenemos lujos, ni coche o casa propia,
nos quejamos de que carecemos de tantas cosas materiales,
pero no nos detenemos a pensar que somos ricas de amor,
que tenemos un hogar, una familia, un trabajo, un cuerpo sano para sentir hondo
una mente clara para pensar alto, cinco sentidos afilados para percibir,
brazos y manos para acariciar, un par de pies para caminar,
y un corazón fuerte para amar.

¡Debemos dar gracias a Dios por tantas riquezas que tenemos!
¿no lo creen asi?

Vayas a donde vayas con los tuyos en esta semana santa,
no te olvides que desde donde te encuentres puedes cumplir con Dios,
pónte en sus manos y vé confiada en que regresarás a casa
sana y salva con todos sus seres queridos.

Cuida a tu familia y cuida tu valiosa vida.

Paz Inverencial,

Doral.


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