lunes, 11 de abril de 2011

¡La loca del cautiverio!



¡La loca del cautiverio!

Parece soso pensar que la vida de las mujeres de nuestro mundo, gire con tanta facilidad alrededor de los sentimentalismos baratos o de los pensamientos obsesivos respecto al amor y todos sus derivados. Y vaya que algunas mujeres se vuelven enajenadas por no poseer un centro de gravedad permanente sobre el cual girar de manera más conciente o mejor objetiva.

Cada pensamiento o sentimiento que nace de la mujer (sobre todo de la mujer latina), se reproduce y no muere, por el contrario, suele echar raíces muy profundas y muy difíciles de erradicar. Por ejemplo, un sentimiento que se guarda en el corazón por mucho tiempo, siempre llevará a la mujer a volver al pasado una y muchas veces más. La mujer se queda fijada en ese ayer que ya no ha de volver nunca más, pero que sin embargo, lo disfruta o lo vuelve a sufrir al recordarlo, lo re-vive.

Entonces, revivir viejos recuerdos exhumados que atormentan, es volver a sacar el muerto de la sepultura... ¡y cuánto apesta! pero a la mujer parece no importarle respirar esos aires contaminados de recuerdos no muy gratos, termina llorando y enfermándose de nuevo por algo que pasó hace ya mucho tiempo, ya no existe, ya no está, ya se fue, ya está muerto y enterrado, y no tiene regreso posible. ¿Tiene sentido traerlo de nuevo a casa, o mejor dicho al cautiverio?

Vivir cautiva en la celda del dolor por los recuerdos, coloca a la mujer frente a dos caminos:
1.- A reflexionar y poner los pies en la tierra aceptando su presente tal como es, o...
2.- Preparar su mortaja con anticipación porque le espera una muerte en vida, ¡segura!

¿Pero quién tiene las llaves de esa celda?, por supuesto que las llaves las tiene solamente la carcelera, ¿verdad?, y quién es esa carcelera... ¡Tú misma mujer!, date cuenta que nadie te encerró en esa cárcel de frustraciones, de dolor, de soledad y un sufrimiento que no tiene razón de ser. Quienes te conocen te llaman "loca enajenada" porque no hay más mundo a tu alrededor que tus necias fantasías... ¡Mírate en un espejo! y mírate fíjamente sin pestañear, observa, ¿Quién es esa mofa humana de ojos insensibles que te mira?

Pero si se trata de mirar, la mujer debe aprender a ver más allá de lo que físicamente pueden ver sus ojos. E incluso me atrevo a exponer aquí y ahora sin ninguna vanidad, que una mujer frente a un espejo puede ver mejor con sus ojos cerrados, en vez de mirarse con los ojos abiertos, porque los ojos del alma no necesitan luz para ver... ¡Ellos son la luz en la mirada! y tú, mujer... ¡Tú eres su única morada! ¿suena poético?, ¡Quizá!, pero en realidad de verdad, no hay otra razón cuando nos da por cerrar lo ojos para pensar, para buscar la creatividad de nuestro ser, y también para buscar soluciones, ¡Siempre ocurren los milagros más maravillosos que ni siquiera habíamos imaginado!

No es bueno aferrarse a las personas y mucho menos a los recuerdos que éstas nos dejaron, como tampoco es grato obsesionarse de la peor forma con algo o con alguien con lo cual no tenemos nada seguro, ni aún teniéndolo. E incluso (dicen) no es bueno ni siquiera almacer recuerdos gratos, porque tarde o temprano terminarán por desgastarnos de tanto pensar, de tanto reciclar la misma película mental. Tanto se gasta que termina rompiéndose, y cuando algo se destruye en el pensamiento, la mente se vuelve lerda, se estupidiza, no carbura como debe hacerlo, hay desequilibrio, no hay cordura que calme a la razón, ¡Por Dios! con esas cosas no se juega, mucho cuidado.

Pero hay otro tipo de cautiverio que no todas las mujeres notan en su vida, aunque vivan en él diariamente, me refiero enfáticamente a la cárcel de su belleza. Todas la mujeres deseamos conservar la losanía por mucho tiempo ¿verdad?, la fuente de la eterna juventud en nuestra piel fresca y dulce como manzana, ¡Es hermoso sentirse joven y bella! ¿a qué mujer no le gusta sentirse así?, creo que a todas. Pero cuando llegan los primeros hilos plateados, con ellos llega una preocupación que no se la acaban madre santa:

"Yo no quiero verme mal, chin... ya tengo canas", "hey, qué pasa, me están saliendo pecas en la frente o en las manos", seguro es por tanta exposición a los rayos ultravioletas, me voy a cuidar más, porque a parte me estoy exponiendo a contraer un prematuro cáncer de piel... ¡Dios me libre!, "Yo jamás voy a estar toda vitíliga, llena de manchas"... ¡Y encima... gorda!, ¡qué horror!.

Y la mujer sufre, porque se está viendo dos o tres hilos plateados en sus sienes, unas hermosas pequitas en la nariz, que hasta le hacen ver graciosa y juvenil... ¡Por favor!, qué exageración... ¿Y aquella otra pobre mujer que por su mente está pasando el peor de los tormentos: "Nadie me quiere porque estoy chaparra y encima flaquita" ¿Quién se va a fijar en mí?

Se acercan constantemente a mí, ese tipo de mujeres que quieren que les arregle la vida, me buscan como si fuera yo, su única tablita de salvación: ¿Qué puedo hacer para que se me quite esta depresión?.- "Yo lo que primero te quitaría es la obsesión mijita" -les contesto- ¿Cómo es posible que no comprendas que también puede haber en el mundo miles de hombres que quizá estén pasando por la misma situación? y que además... hablar de estética, no es hablar de estatua, ni la estética se mide por la estatura, se puede ser muy alta y puede que nunca aprenda alguien a lucir como debiera, o viceversa, se puede ser muy bajita de estatura y lucir como toda una reina.

Nada tiene que ver por lo tanto, ni la estatura, ni la estética, ni la simetría, ni los tacones de la zapatilla, ni la escalera donde te subas para verte más alta... ¡Nada! eso es una cuestión sociocultural que sólo radica en tu mente, en tu cultura, en tu actitud y también en tu loca razón atormentada. ¡Sal de tu cautiverio!, conoce una nueva forma de ver la vida y un nuevo estilo de vivir, no importa dónde, ni cómo, ni con quién te encuentres, ¡Sal al campo de batalla! hazte oír, hazte valer, hazte respetar, pero sobre todo, aprende a amarte primero a tí misma, para que en consecuencia, los demás aprendan a respetarte y también a amarte, no por lo que eres, sino a pesar de lo que fuiste, pero que ya no eres, ¿me hago entender?

Si tienes algo que comentar al respecto, tus opiniones serán bienvenidas.

Con mi respeto y cariño siempre,
Doral.

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