miércoles, 3 de junio de 2015

ENFERMO DE AMOR



ENFERMO DE AMOR

Aún guardo en mi memoria aquel recuerdo de hace más de 20 años, cuando en un día normal de rutina laboral, atendiendo al público y archivando documentos, conocí a un hombre al que presté especial atención al notar su mirada e interés por observarme a cada momento. 

Para mí era obvio, no se atrevía a dirigirme la palabra y supuse que era tímido.  Un día sin previo aviso recibí un ramo de rosas con dedicatoria, que con el pasar de los días se convirtió en mucho más: ositos de peluche,  seguidos de constantes llamadas telefónicas donde aquella persona me invitaba a conocernos.  Según él teníamos varias cosas en común.

Los días pasaban y a la par que nos conocíamos, entre muchas cosas, me contó algo que me puso en suspenso: Era casado, pero con “planes de divorcio a corto plazo”, ¡típico! Aún y con todo eso, aquel hombre siempre supo comportarse como un verdadero caballero, romántico, gentil y sobre todo, debo agregar que las flores y obsequios nunca faltaron en mi casa y oficina.

¿Qué puedo decir? Yo estaba encantada con esa situación, feliz de la vida.  Después de varias citas –en las que además tuve la oportunidad de conocer a sus hijos- nos hicimos pareja.  Un día en mi etapa de noviazgo con él, siempre era de grandes detalles, flores y más flores, llamadas románticas y antojos que con sólo mencionar él me cumplía a la brevedad, sin necesidad de pedírselo, tan es así que mis compañeros y amigos comenzaron a preocuparse al darse cuenta que, en exageración, mi novio no titubeaba en complacerme y estar “encima” de mí a toda hora.

Como era de esperarse, yo no me daba cuenta de aquella atención desmedida de mi pareja.  E ningún momento de mi relación había tomado en cuenta los consejos de mis seres queridos, entre ellos mi madre, quien comenzaba a incomodarse por la forma exagerada en las que me buscaba y consentía.

Una noche en la que estaba pensando esto y aquello, decidí actuar  y dejarle saber a mi pareja lo que pasaba por mi cabeza, ya que comencé a experimentar sentimientos negativos acerca de nuestra relación queme ahogaban y no me dejaban ser feliz.

Así fue, a la mañana siguiente decidí reunirme con él, y cuando le pedí espacio en nuestra relación su cara se desfiguró, se puso muy violento y me dijo cosas fatales que jamás olvidaré.  Tuve muchos problemas a causa de mi novio; me amenazaba, hablaba muy mal de mí, y me hacía quedar mal delante de terceras personas.  Mis compañeros de trabajo me apoyaban en la medida de lo posible, pero nada mejoraba.  Llegué hasta el punto incluso de acudir a la justicia para demandarlo por acoso, pero sólo sirvió para que los agentes se burlaran de mí; nada parecía funcionar.

Con la ayuda de amistades expertas en leyes y un abogado proporcionado por mi jefe pude solucionar gran parte del problema, el cual me había ocasionado una mala condición de salud y estragos en mi vida personal. Con permiso en mi trabajo salí de vacaciones, con el fin de olvidar el trago amargo que ese hombre me había hecho pasar, y cuando volví, después de reflexionar la situación, el problema parecía haber terminado y mi vida comenzaba a seguir su rumbo con normalidad, me sentí liberada.

Después de un tiempo, ocho años para ser exactos, la vida  me lo seguía poniendo en el camino –está por demás decir que mi actitud hacia él era indiferente- y aún cuando él quería acercarse a mí, yo no lo permitía.  Finalmente, en una de tantas ocasiones que nos cruzábamos decidí enfrentarlo y preguntarle el por qué lo encontraba demasiadas veces muy cerca de mi trabajo, lo cual causaba en mí, cierta incertidumbre.

Cuál fue mi sorpresa cuando escuché a aquella persona pedirme perdón.  Era como si aquel loco y sicópata hubiera reaccionado y se hubiera dado cuenta de todo el mal que me causó, tenía gran remordimiento y mi única respuesta fue: “Aquello que pasó entre nosotros es historia, todo el daño que creíste haberme hecho sólo me convirtió en una persona más fuerte”.  Le hice saber que estoy mejor que antes, al mismo tiempo que me daba media vuelta y me alejaba de él.  La odisea había terminado al fin.  La vida da muchas vueltas, aún y con todo eso no le deseo mal.

Autor: El Debate de Culiacán.
Vivencias de Javier
(Los Mochis, Sinaloa)

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