lunes, 31 de agosto de 2015

LO DEJÉ SER FELIZ A SU MANERA.

            

“Lo dejé ser feliz a su manera”


En ocasiones, la vida puede enfrentarte a situaciones muy difíciles, en las que no sabes si tus hijos podrán ser felices, si estarán en lo correcto o si tú estarás en lo correcto.

María era una mujer con una buena posición. Desde joven aprendió  ser empresaria y en poco tiempo logró tener su negocio de diseño de prendas y creación de vestidos de fiesta.  Se casó pero enviudó.  Su esposo fue asaltado y lo hirieron de gravedad.  Quedó sola con un niño recién nacido.  Jamás se le volvió a conocer una pareja y siempre tenía a su lado a su pequeño Luisito.

Desde muy pequeño, el niño mostraba intereses muy diferentes a los de un varón.  Le gustaba jugar entre los trapos y trazos de tela que había en el taller de costura de su madre.  Se ponía coronas y simulaba ser una princesa.  “¡Mira mamá, qué linda soy!”, le decía mientras ella sonreía y le respondía que sí.  Sus empleadas la miraban con desacuerdo y le decían que si le consentía esas acciones lo alentaría a que tuviera tendencias afeminadas.  A lo que María respondía: “Si él es así, aunque lo mande a un colegio de militares, eso no hará la diferencia.  Como él se vea feliz, así lo dejaré ser”

Pasó el tiempo y Luis llegó a la adolescencia remarcando lo que era más que evidente: él sentía que era una mujer.  Se dejó el cabello largo y lloró amargamente cuando en la secundaria le exigieron cortárselo.  Esto provocó que se mudaran a Monterrey, México.  Luis le decía a su mamá con tristeza: “Mami, no me siento un hombre, no quiero ser uno.  Me siento diferente por dentro.  Dime, ¿esto es normal? No quiero ser un monstruo”.  María estaba consternada, pues no quería que su pequeño sufriera y fuera discriminado, así que lo inscribió en un colegio donde le permitieron asistir cuando comenzó su transición de hombre a mujer.

Pasaron los años y María veía con orgullo que su hijo era feliz.  En un año más empezaría el tratamiento con hormonas y lo vería ya casi transformado, situación que a él le emocionaba muchísimo.  Tanto Luis como su mamá se ganaron muchos enemigos.  Los tacharon de impúdicos o que estaban haciendo algo malo, pero ella jamás dejó de apoyarlo.  Perdió algunos clientes que rechazaban las tendencias de su hijo, así que tuvo que recortar gastos, pero no dejó de lado los sueños de su heredero.  Luis se dio cuenta de esto y trató de ayudarla.  Con sus estudios y unos pocos ahorros que tenía abrió un pequeño salón de belleza.  Poco a poco le fueron llegando clientes y el negocio empezó a prosperar.

Luis, ya con 30 años, casi totalmente transformado, es conocido como Lucía. Hizo que su mamá trabajara con él apoyándolo en el diseño de trajes y maquillaje para modelos.  En la actualidad es una de las maquillistas más buscadas en la ciudad.  Tiene dos años con su pareja y piensan en formalizar pronto.  El sueño de ser mujer está casi por volverse realidad para Luis.

María le sonríe cada vez que la observa, hermosa, alta, decidida y trabajadora.  Es su orgullo y aunque aún le preguntan cómo le hizo para aceptar su cambio, ella sólo contesta: “Sólo lo dejé vivir a su manera para que fuera feliz”.

Y tú amiga lectora, ¿Tendrías el valor y el coraje para dejar vivir a tus hijos a su manera, sea cual fuere su decisión, con tal de verlos felices?.


Autor:
Dra. Anna Castel  (Vivencias, Redac. Mazatlán)

@AnnCastelazo


Nota:
Foto tomada de internet.- Con el debido respeto de autoría, si ocasiona molestias, será retirada.

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