lunes, 5 de octubre de 2015

¿QUÉ HAGO YO AQUÍ?



¿QUÉ HAGO YO AQUÍ?

Cuántas veces en la vida te encuentras con momentos en los que no sabes porqué ni para qué haces determinadas cosas que no has planeado, pero que sin embargo tienen una razón de ser, un motivo, una causa, pues dicen que no hay casualidades sino causalidades que a veces incomprensibles a la mente humana, escapan del entendimiento y nublan la razón hasta que descubres que...

Resolver asuntos inconclusos resulta ser la razón, cerrar círculos que quedaron abiertos en el ayer y que de una u otra manera se convierten en amenaza de permanecer intactos, amenazantes, acechantes o no cerrados correctamente como debe ser, para dejar ir el pasado a descansar en santa paz.

Enfrentar con disposición y valor es la clave. Volver atrás y echar una mirada por todos los rincones del ayer para reparar lo que haya que reparar, depurar y desechar lo que haya que ser desechado, corregir lo que debió haberse corregido con inteligencia y lealtad, y transformar impresiones con decisión, quizá con esfuerzos  constantes y repetidos ¿porqué no? aún hay fuerzas, y cada día es nuevo para parir esperanzas de que no todo está perdido cuando se tiene vida y cada día es bueno para empezar un nuevo final.

¿Qué hago yo aquí?... eso precisamente, lo que nadie se atreve a hacer. Volver al mismo lugar de donde un día saliste destrozada, huyendo del dolor, de la incomprensión, de la apatía, de la ignominia, de la humillación. Un hogar en donde uno a uno se fueron acumulando los años en el abandono total y los procesos de reconstrucción se hicieron cada vez más difíciles y sin embargo acepté el reto en el ánimo de reconstruirme a mí misma primero... ¡Qué locura!

A lo largo de casi 18 meses, un año y medio enteros, recorriendo juzgados, litigios, gestionando trámites y corriendo gastos mil, echando vueltas y más vueltas con la lenta espera de ver al fin en mis manos las escrituras de esta casa y posteriormente el juicio de donación a los hijos. Había que regularizar la situación del juicio testamental bastante desgastante.

Una vez concluido tan... tan.. a lo  que sigue..,

¿Qué hago yo en esto?... La propiedad inmobiliaria tan peleada y dedicada a juicio estaba allí... como una sombra vacía, descuidada, sucia, cayéndose casi en mil pedazos... ¡Tétrica! y alguien dijo por allí: ¡Está maldita!... ¡Allí espantan!... No; que va... lo que a mi me espantaban más eran los recuerdos de lo que pudo haber sido y no fue en su momento. En fin... ¿Para qué perder más tiempo contando los sinsabores de ese ayer?

Los tiempos cambian, la vida cambia, las personas cambian, y por supuesto yo ya no soy la misma mujer inmadura que salió corriendo un día, porque no la amaban ni la respetaban. Ahora con una nueva visión y dimensión de las cosas, vuelvo a pisar esta casa y a hacerme cargo de la remodelación y de darle vida de nuevo. ¿Para qué?  -no lo sé-  Sólo sé que debo hacerlo por alguna poderosa razón de Dios que todavía desconozco.

Me he sentido una extraña entre estas paredes que me desconocen, y sin embargo la caricia fresca en la reparación del enjarre y la mezcla de cemento, arena y cal por toda la casa respira, la brocha con pintura nueva reciben la queja de quien pedía agua en medio del desierto y nadie escuchaba, gimen los lamentos en jirones de las  cortinas que se caen desgarradas por el tiempo y cruje la tubería cuando se ha cerrado la fuga y la gotera.

Cambio de circuitos eléctricos se ponen en alerta, temblando apagadores y tomas de corriente cuando son reemplazados por la modernidad, marcos y molduras observan su turno esperado, mientras, vistas, puertas y ventanas reciben su rotación... ¡Ya es hora de cambiar chapas y herrajes!, también la calefacción.

Dos, tres, o más viajes al basurero municipal, fuera acumulación... pedazos de muebles viejos, espejos manchados, y vidrios rotos, resortes vencidos,  cojines apolillados, cargados de bacterias, polvo y telarañas, la odre donde se secó el agua podrida, etc., vaciaron espacios para recibir el agua nueva, como si fuera de una fuente cantarina.

Agua y jabón, aceite y cariño acompañando químicos, aromatizantes y buena vibra tarde, mañana y noche. Una ardua labor que no creí poder lograr en tan corto tiempo. Pues sin descuidar mi trabajo en la oficina por las mañanas, mi consulta por las tardes y mis clases de idioma Náhuatl en la facultad, he dialogado con silencios y la sedante oscuridad de las noches en las que otra vez, descalza me asomo a la ventana, miro el cielo y me pregunto tantas cosas pero de todas... una más... ¿Qué hago yo aquí?, en mi corazón no hay respuesta, o quizá si la hay, pero está fuera del tiempo... ¡o quizá sea yo!, me pregunto si ya estoy muerta, y el sueño me trajo aquí. ¿Para qué? -no lo se-

Sea lo que fuere, y sola otra vez... por fin en los rincones, también de mi alma se empieza a respirar la paz.  Una nueva atmósfera emocional hace vibrar el ambiente que respiro y me siento contenta por el deber cumplido.  Un deber que sentía ineludible y había ido posponiendo si saber por qué.

Estoy aquí, poniendo alma, sentimiento y razón, jajaja también mi sueldo, mi trabajo y mi tiempo... ¡Estoy entera!, dedicada a levantar esta casa que no es mía, (nunca lo ha sido, y nunca lo será) pero es el lugar donde nacieron y crecieron mis hijos y donde dejaron su aroma de inocencia y la huella bendita de sus primeros pasos. Ahora este  techo habitable y respirable legalmente les pertenece, y yo... ¡Ya puedo marcharme en paz!

Cariños,

Doral.
05-Oct-2015

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