martes, 13 de marzo de 2012

¿Casada y desesperada?


¿Casada y desesperada?

No cabe duda de que cada individuo es producto de su medio, como decía el Dr. Gustavo Le Bon, (Sociólogo Francés, 1841-1931) una influencia que parece común, pero es la más poderosa de todas, ya que esa entidad o comunidad de sentimientos, ideas, creencias, intereses creada por acumulaciones hereditarias e influjos tradicionales, dan a la constitución o estructura mental del individuo, una gran identidad y una gran fijeza.

En ese marco, el hombre y la mujer repiten incesantemente los patrones hereditarios, conductas, hábitos, costumbres, vicios y hasta aquellas cosas tan sencillas de entender que parecen tan comunes en la cotidianidad, tales como: Respetar las leyes terrenales, respetar la validez del matrimonio legalmente constituido y respetar el estado mental del individuo que conlleva a la paz del alma y a la serenidad de la conciencia universal profunda de cada persona.

¿Pero qué pasa cuando alguien se atreve a alterar esas leyes naturales?, ¿Qué pasa cuando en nombre del amor, de la pasión... o de la calentura de algunas personas, se creen con derechos de abusar de la confianza, de la inocencia, de la desesperación, o hasta de la ignorancia de otros?

Mujeres casadas hay, que ya les aburrió la rutina de su hogar, ya se les acabó el amor, y tambien a sus maridos que esos sí, de plano se sienten (aunque no lo sean) libres y autónomos para buscarse a otra. Y resulta que la pobre esposa (y con justa razón), le da un ataque de histeria, de celos, de inseguridad y de ansiedad al sentirse desplazada, sustituida, burlada, apartada, limitada para ejercer sus derechos de esposa, total ¿para qué, -dicen- si ya se les acabó el amor?

Lo más lógico es que les resulte más cómodo, y claro que allí ya no hay nada que hacer, ni más nada a qué apelar; el amor se les acabó a los dos y -se dicen a sí mismas-: Si "el viejo" anda por su lado divirtiéndose de lo lindo con otras mujeres, ¿Porqué yo no puedo hacer lo mismo y divertirme por mi lado con otros hombres?, ¡Total que ni cuenta se va a dar!, pero, ¿En verdad no se dará cuenta? ¿O piensan que todo seguirá igual o les mejorará su vida?

HeY... ¡OJO!, MUCHO OJO CHICAS... momentito por favor: ¿Qué está sucediendo allí?

En primer lugar: Lo que está sucede allí, es que el autoengaño se hace presente con todo el lujo del descaro y el cinismo más total, porque la mujer que piensa y actúa así, no sólo está alterando la cuestión jurídica de su mundo, está pasando por alto la cuestión moral y su sano juicio, está alternado las leyes mismas de la naturaleza, las de su marido cuernudo, y de paso... hasta las del amante en turno. ¿Y los hijos?, ¡Bien, gracias!

¿Qué pasa con los hijos de la mujer promiscua, deshonesta, cínica e irreverente, cuya calentura le está quemando día a día los "aparejos"?, y se los re-calienta cómodamente escudando sus faltas en las fallas mismas de su propio esposo, y que encima (como buscando expiar sus culpas), se queja, se lamenta con el amante "Estoy haciendo mal, yo estoy casada", "Lo que estamos haciendo tú y yo no está bien, pero no puedo ni quiero dejarte", "Por mis hijos, intento terminar con esta locura, pero no puedo dejar de pensar en ti", y el otro pobre iluso vivales, "cazador oportunista" que está al acecho del más mínimo de esos detalles para sacarle ventaja y provecho a la situación, sin pensar que en vez de estarle haciendo un "favor" o un bién a la mujer desesperada, le está haciendo el peor de todos los daños del mundo: LA TRAICIÓN.

Quizá esas dos palabras suenen duras, injustas e inflexibles, -tal vez- pero ¿En qué se sostiene la verdad señores?. Cuando un hombre ama sinceramente a una mujer, ¡La respeta por encima de su propia calentura! o celos pasionales, la respeta y la protege de todo y de todos: De sus actitudes vulgares y prosaicas, de las del marido infiel, del qué dirán y hasta de la sociedad.

El hombre que ama sinceramente a la mujer, le recuerda el respeto que se debe a ella misma como mujer, le ayuda a cultivar la decencia, su prestancia, su dignidad, su integridad, no la anima ni sonsaca, ni la calienta para emboscarla, ni le anda metiendo ideas en la cabeza para que desbarate y abandone su hogar... por el contrario: Un hombre que ama a una mujer, (y con más razón si es casada), le respeta su condición civil, le aclara con admiración pero con respeto, que su deber es valorarse como persona, le enseña y le ayuda a rescatar su hogar y a valorar más a su esposo y a sus hijos, por encima de lo que él mismo pueda sentir: ¡ESE SI ES UN HOMBRE!... ¡UN GRAN HOMBRE!... ¡UN HOMBRE DE VERDAD!... ¡NO CHURROS CALIENTES NI IMITACIONES! eso es todo.

¿Te quedó alguna duda amigo(a) lector(a)?, escríbeme y con mucho gusto lo valoramos.

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

2 comentarios:

  1. hola te saludo con mucho cariño,esta muy linda tu pagina y blooger en general.te felicito (yo lAMENTO NO SABER TRABAJAR MI BLOOGER.

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  2. Hola Josefina querida;

    Muchas gracias por vuestra presencia amiga, tanto tiempo sin saber de usted, qué alegría me da verle por acá, y por lo del Blogger ni se preocupe, ya aprenderá, por ahora están haciendo algunas actualizaciones en el sitio que para algunos blogueros sí significa molestias porque hay que adaptarse al nuevo formato, pero de todo aprende uno cuando se tiene tiempo para trabajar en la web.

    Saludos afectuosos Jos querida, Dios le Bendiga mucho y siempre.

    Doral.

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