miércoles, 3 de marzo de 2010

¡Hijas de la mala vida!



¡Hijas de la mala vida!


Mucho hemos hablado en artículos anteriores, sobre el maltrato a la mujer, sobre la inconciencia de algunos "animales" (con perdón de los animales), que se dicen llamar "hombres". Hemos hablado sobre las humillaciones, sobre las infidelidades, sobre los problemas de violencia sexual e intrafamiliar, sobre baja autoestima, ignorancia y pobreza interior de un buen porcentaje de mujeres que poblan la faz de la tierra, pero nunca se le ha ocurrido a nadie pensar en los motivos que cada una de estas mujeres tiene para vivir estancada en su cárcel de fracasos. Hoy me gustaría entrar en ese abordaje de elementos que constituyen el camino que hospeda a las hijas de la mala vida.

Qué feo suena el título de este escrito, reconozco que a mí misma no me gusta mucho, pero no hay remedio, tenemos que llamarlo así por nombrar de alguna manera a todas aquellas mujeres que dicen:

"Me pega, pero me gusta", "Sí; me golpeó, pero para eso es mi marido", "Se lo permito porque es mi novio, mi amante o mi esposo", "¿y qué?, él puede hacer conmigo lo que quiera que para eso soy su mujer", "Nadie más que él, tiene derecho de levantarme la mano", etc. ¿qué remedio? se trata de hijas de la mala vida, ¿o debo decir, hijas de su cultura?

Pero hay otro tipo de situaciones que tambien utilizan éste término para referirse a mujeres de la vida pública por ejemplo: Mujeres que se dedican a la vida nocturna, a la prostitución, las famosas "damas de compañía en bares y cantinas", mujeres que se olvidan de sí mismas y de los suyos para entregarse a la vida "fácil", asi lo vamos a consignar... "fácil" (entre comillas), porque en realidad de verdad, la vida licenciosa de fácil no tiene absolutamente nada, es todo lo contrario.

¿Qué fácil puede ser la vida de una mujer de prostíbulos que es forzada a beber alcohol, quizá a consumir drogas u otro tipo de aberraciones que por un precio ridículo tiene que aceptar, aunque no le guste hacerlo, incluso terminar tirada en una cama entregando su cuerpo a puercas manos sucias de un desgraciado borracho asqueroso que anda caliente y en busca de satisfacción de tipo erótico sexual?

¿Será tan fácil para una mujer hacer de su vida noche a noche una ensalada de caricias que le queman la piel de asco, impotencia, desolación y frustración?, pero amigas de mi alma, yo me pregunto: ¿Qué les obliga a esas semejantes a vivir vendidas y vencidas habiendo mil caminos por dónde ir, mil opciones de dónde seleccionar entre tantísimas oportunidades para modificar sus estilos de vida? ¿Será que tambien les gusta sentirse hijas de la mala vida?

También hay mujeres con otras maneras de aferrarse al dolor, al sufrimiento, al masoquismo, al sadismo, al no querer dejar ir ni soltar los apegos al maltrato, a los recuerdos, al pasado, e incluso lo siguen disfrutando en el presente... ¡Adoran sentirse víctimas en todo sentido! y hasta les gusta seguir besando el látigo que las golpea o las golpeó... ¡Por favor señoras!, eso es algo enfermizo, y con justa razón el mundo las llama: Hijas de la mala vida.

Mujeres que cometen crimenes morales contra si mismas al vivir enclaustradas en sus propias terquedades y fantasías ilusorias: "Sólo sé pensar en tí aunque no me quieras", "Ya no me importa nada si no lo tengo a él", "¿Para qué quiero seguir viviendo si ya lo perdí?. Mujeres que se abandonan por completo, dejan de comer, de dormir, de asearse, de salir, de vivir, convertidas en verdaderas sombras vagando por toda la ciudad, por toda la casa, sin ninguna esperanza de recuperar algún día su valor y elevar su autoestima aunque fuese por piedad a su propio pellejo. Todas ellas son... (qué ironía y qué tristeza tener que decirlo así)... ¡Hijas de la mala vida!

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

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