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lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Depresión en navidad?



¿Depresión en navidad?

Qué interesante resulta observar directamente y muy de cerca este fenómeno llamado: "Depresión", principalmente cuando se agudiza en vísperas de la navidad, o mejor dicho cuando se intensifican los sentimientos de soledad, añoranza, melancolía, desamparo emocional, etc. ¡Qué increíble! cuando más acompañado se está por la familia y los amigos.

Suele suceder que la navidad es una época especial para las personas depresivas, sean jóvenes o grandes de edad, que están solas o acompañadas. Al parecer esperan esta estación del año para abatirse en lamentos íntimos: "¿Para qué quiero festejar si nada tiene sentido?", "Nadie se fija en mí, ¿qué caso tiene que vaya a esa posada?", "No tengo ganas ni estusiasmo para salir a ningún lado", "Todos van a ir bien elegantes y a mí nada me queda bién", "Sólo hablo puras idioteces, siempre quedo mal", "No tengo suerte, me siento pésima", "Me planché el pelo, pero se me ve fea la caspa, tengo bien reseco el cráneo, nací defectuosa"... "¡A la fregada con todo!", "No quiero ver a nadie", "Mejor váyanse y déjenme en paz" y ¡Por Dios!... con esa mentalidad tan negada para todo y para todos ¿A quién le dan ganas de vivir o de estar con una persona así?

Resulta pues que el ambiente navideño y el invierno, por ser de días más cortos y noches más largas, con su frío inseparable que a veces cala hasta la médula de los huesos, siempre son variables o elementos propicios para que las personas depresivas le den rienda suelta a sus necias fantasías negativas desveladas:

"Esta navidad será muy triste para mí", "Otra navidad que me la pasaré sola", "Qué bonito debe ser tener una pareja con quien pasarla esta navidad, pero eso no se hizo para mí", "Yo no tengo recuerdos bonitos de ninguna navidad, ahora será igual", etc., todo indica que anticipadamente ya se están programando mentalmente para pasarla mal, y como es obvio, los resultados no serán diferentes, a menos que se tome la decisión de ser más optimista, más entusiasta, más positiva, aunque se sienta triste y sobre todo, darse cuenta que de ninguna manera tiene ningún derecho de amargarle la navidad, ni la vida a los demás.

En tales circunstacias, convendría hacer un balance, para darse cuenta que todos los seres del mundo, sólo tenemos dos cosas para esta navidad: 1.- Lo que hemos hecho y, 2.- Lo que no hemos hecho, no hay más, no le demos más vueltas al asunto por favor. ¿Para qué enfrascarse en esa realidad tan aplastante en vez de modificar nuestra conducta?. Quizá si nos diéramos cuenta de cuánto tiempo maravilloso hemos desperdiciado en lamentaciones inútiles, encierros, aislamientos, rechazos, represiones, comparaciones o competencias y abrazos con el famoso: "Si yo hubiera hecho ésto", "Si yo hubiera hecho lo otro", si yo hubiera... Si yo hubiera.... Si yo hubiera... pues sí; si hubiera sido, pero no fue y punto.

¿Qué importa por lo tanto lo que ya pasó?, el pasado ya pasó, ¡acéptalo!, el pasado está bien muerto y enterrado, no tiene regreso posible y el futuro para todos es incierto, aún no llega, aún no existe, ¿Para qué oscilar estúpidamente entre ambos polos opuestos y seguir perdiendo el tiempo miserablemente?. Lo realmente importante es el presente (es la amenaza), aquí y ahora por una poderosa razón que vamos a compartir con todas ustedes y esto es:

"No importa lo que hayamos hecho o dónde hayamos estado en el pasado, lo realmente importante es darnos cuenta aquí y ahora, en qué dirección se está desplazando nuestra vida, porque la experiencia no es lo que vivimos, sino lo que hacemos con lo que vivimos y punto", -reitero- no hay más, no le demos más vueltas al asunto por favor.

Puede parecer quizá muy duro, pasivo o indolente lo que voy a decirte: Hey... lee bién, es a tí a quien le estoy hablando de manera escrita, no hay remedio, tengo que decirtelo aquí y de esta forma, lo siento, no quiero lastimarte, pero alguien tiene que hablarte con la verdad, aunque te resulte muy dolorosa, pero quiero que sepas que más me duele a mí primero tener que hablarte así:

¿Estás deprimida hoy?... ¡Hey, hey, hey tranquila, no te preocupes!... está bién, todo está bien... No pasa nada, tienes derecho a deprimitirte y hartarte con tu depresión si eso es lo que quieres, nadie te dirá ya nada, o te pedirá o te exigirá todo lo contrario, ¡Es tu depresión! vívela y disfrútala (si puedes), pero recuerda que nadie, absolutamente nadie, nunca, jamás nadie podrá hacer por tí, todo lo que tú misma no quieras hacer primero. ¿De acuerdo?



Asi que: Lo que tengas que hacer hoy, házlo, pero házlo pronto y hazlo bien, por tí, por los tuyos, y por aquellos a quienes nunca conociste personalmente, pero que aprendieron a ser especiales en tu hermoso corazón de mujer. Sabes que puedes contar conmigo incondicionalmente siempre para todo, pero recuerda que yo tambien soy un ser humano que sufre cuando no te dejas ayudar, pudiendo hacerlo. La decisión es tuya, te pertenece, y sea ésta cual sea, quiero que sepas que vales mucho como mujer y que por siempre mereces todo mi amor y mi más profundo respeto como ser humano.

Abrazo profundo desde mi corazón al tuyo!
Doral.

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Cómo puedo cambiar mis viejos hábitos?




¿Cómo puedo cambiar mis viejos hábitos?


No cabe de que el pensar positivamente, atrae buenas vibras, aún cuando se vive en medio de grandes crisis emocionales, derivadas del alto costo de la vida, contaminación, desamparo, enfermedad, soledad, incertidumbre ante todas las circunstancias que nos rodean, pero sobre todo, por la carga enorme de responsabilidades que cumplir de manera ineludible.

Cambiar estilos de vida, requiere de mucha constancia, perseverancia, continuidad de propósitos, fe en sí mismas, valor, voluntad y una lucha aparejada contra nuestras costumbres y hábitos de vida comunes. El hacer cambios en nuestra vida, no es fácil para muchas personas, porque cambiar, a veces cuesta dolor y mucho sacrificio, pero yo me pregunto: ¿Acaso no es más estéril seguir sufriendo por algo que no nos es útil para nada? y que encima nos mantiene manipuladas, condicionadas, nos succiona pedacitos de vida, nos vampiriza las energías, y de pilón, nos pone preocupaciones extras en la mente... Un show mental cada día, y... ¡Todo un caos psicológico!

Para quienes sí están dispuestas a cambiar sus costumbres y hábitos de vida, hay una receta mágica amigas, que resulta infalible cuando se quiere: ¡Sí se puede!, y esa receta mágica consiste precisamente en darse cuenta de que tenemos un problema grave que resolver urgentemente, pero ¿Cuál es es problema tan grave?, ese problema es que, tenemos que hacer hoy, todo lo que no hicimos en el pasado (sin esperar a nada ni a nadie), y dejar de repetir siempre las mismas cosas, los mismos eventos o acontecimientos, los mismos pasos, la misma rutina cotidiana, e incluso dejar de reincidir en los mismos errores, hacer hoy lo que debimos haber hecho ayer y no lo hicimos, ejemplos:

Supongamos que todos los días te duchas a la misma hora: ¿Aja?, siempre es el mismo caminito: despertarte, estirarte, pensarla para levantartarte, pero finalmente te decides y allá vas con mucha pereza y toda despatolada hacia el baño, lo único que en ese momento desearías, es seguir durmiendo con las cortinas de tu cuarto cerradas y que nadie te moleste, pero el tiempo apremia, debes darte prisa o llegarás tarde a tu trabajo o a cumplir tus compromisos, pero...

Lo que no te has dado cuenta es que, durante el trayecto de tu recámara a tu baño, tus ojos se fueron rebelando, como diciendo: "No, todavía no quiero, aún tengo sueño" y como sabes que no puedes perder más tiempo, te metes bajo la ducha y tus ojos siguen cerrados. El agua moja tu pelo, tu espalda, tus piernas, todo tu cuerpo y así con los ojos cerrados tomas el shampoo, lo aplicas en tu cabellera, lo vuelves a su lugar y sigues bañándote casi dormida.

Enseguida estiras el brazo y tomas la barrita de jabón perfumado y mecánicamente envuelves tu cuerpo en una deliciosa espuma jabonada que no logra levantarte el ánimo, la retiras con el chorro de agua continuado y... ¡sigues casi dormida!. Termina el ritual de la ducha, cierras la llave del agua y vuelves a estirar el brazo, pero para el otro lado, tu mano alcanza la toalla, te envuelves en ella y sales de la tina, puf, al fin... ya apenas te quieres despertar.

¿Te fijaste cómo todo lo hiciste mecánicamente?, no tuviste ningún problema en localizar todo lo que necesitaste para ducharte, todo estaba en el lugar de siempre, al alcance de tus manos donde sólo tenías que estirar el brazo y tomarlo, pero... ¿Qué pasaría si todo lo cambias de lugar?. Supongamos que las llaves del agua estén más arriba o más abajo de lo que habitualmente están localizables, la jabonera está del lado opuesto, o sea donde normalmente siempre encuentras la toalla y viceversa, e incluso tu cortina de baño quedó más larga y tienes que tener cuidado para no resbalarte con ella. ¿Te imaginas qué pasaría?

Lo que pasaría es que todo cambió de lugar, y ahora te cuesta más trabajo acostumbrarte y eso es lo que te empieza a molestar, a doler, porque tienes que abrir los ojos para hacer las cosas que no estabas haciendo, allí hay una labor importante, y por supuesto que de pronto no te será cómodo ni grato, pero te dará satisfacciones si aceptas tu nuevo reto porque habrás despertado de lo mecánico y aburridor que te tenía esclavizada al repetir siempre lo mismo.

De igual manera puedes darte cuenta de que siempre repites otros hábitos; tomas el mismo autobús, o tu coche a la misma hora y te vas por el mismo camino, ¿Porqué no tomas otro? ¿Porqué tiene que ser siempre el mismo? ¿porque se te hace tarde? ¡Pues levántate más temprano, pero logra tu cambio!. ¿Te has dado cuenta de que a veces vas tan de prisa que hasta te pasaste el semáforo en rojo, y de todas maneras se te hizo más tarde por tu descuido?

¿Y qué pasa cuando estás con el acostumbrado grupo de amigas en el radiopasillo de tu oficina, hablando de los mismos chismes de siempre?, "Que si la fulanita viene maquillada en exceso hoy", "Que si los zapatos me aprietan", "Que si me quedó bien este tinte que traigo puesto", "Que si no vas a ir a la fiesta de la Delfinita", "Que si el jefe tronó con su amante en turno", "Que si ésto", "Que si lo otro", puf... ¡Pura basura mecánica de todos los días!, la rutina cansa amigas, y cansa más cuando no te satisface todo lo que vives, dices o haces por pura costumbre o por seguirle el rollo a los demás, ¿Porqué no cambiar viejos esquemas mentales, hábitos y costumbres de vida?

Otro tema son las dependencias emocionales, pero íntimamente ligado al cambio de actitudes, que a su vez tenemos que asociar forzosamente con el cambio de viejos hábitos y costumbres, sin embargo; es lógico que depender de algo o de alguien para vivir, nos hace ser como marionetas al servicio de los demás, porque encima no estamos haciendo lo que nosotras queremos hacer, sino lo que nos imponen los demás, y allí hay un doble problema que atender.

Entonces; empecemos por lo primero: Darnos cuenta de que necesitamos hacer un cambio de actitudes si es que queremos cambiar viejos errores o circunstancias dolorosas en nuestra vida. Si reconocemos y aceptamos que es vital cambiar algunas cosas en nuestra vida, ya estamos (por defaul) en el camino de lograrlo.

Lo segundo sería hacer un inventario de lo que nos está afectando más en el presente. Haremos un lista de eventos, cosas o personas que nos están obstaculizando o interfiriendo en el avance hacia el cambio. Vamos a seleccionar prioridades, escogiendo de lo particular hacia lo general, ejemplo: ¿Qué tanto me está afectando ser como soy con los demás?, y enseguida darme cuenta: ¿Qué tanto me beneficia o me afecta lo que los demás hacen, o dicen o piensan o actúan para conmigo, o hacia mi persona?. Así iremos de lo simple, hacia lo complicado.

En ese sencillo análisis, tienes que sentarte en el centro de toda la atención; y darte cuenta que la protagonista eres tú y no los otros, ¿Qué importa que los demás sigan siendo como son?, ya tienen su castigo siendo como son (eso es harina de otro costal), ¿Pero tú?, ¿Quién se duele de ti? ¿A quién le importa si comes o vistes o calzas o te enfermas? Tienes que buscar la forma de sentirte bien contigo misma primero, si es que quieres estar bien y entender a los demás. ¿Y que te duele dejar una vieja costumbre? ¡pues que te duela por un tiempo (mientras te desacostumbras) y no sufrir por el resto de tu vida! ni tienes que pagar todo el resto de tu vida por un error, ni tienes porqué aceptar "regalitos" que ya no quieres.

Por lo tanto, nuestra labor es enfocar un hábito a la vez, para centralizar nuestra atención y recursos en ese punto de cambio, pero si pretendemos hacer todos los cambios de un solo golpe, lo más seguro es que perderemos la batalla. Tenemos que ir paso a paso sin desesperarnos y sin preguntarnos qué tanto hemos avanzado, porque seguro en el inter retrocederemos o corremos el riesgo de detenernos en la vacilación. Es como aquél que se pone a dieta, y está subiéndose a la báscula dos veces diarias y si no ha bajado unos gramitos para en la noche, se le vienen los ánimos al suelo...

Hey... ¿Qué pasa? ustedes creen que la misma naturaleza procede con apresuramientos? ¡Pues nó!, fíjense cómo se abre una flor, despacito y sin prisas, se abre gradualmente, o cuando nace un niño, ¿crece de golpe? por supuesto que no; el niño crece poco a poco conforme va siendo alimentado por su madre, o un edificio ¿se puede construir en un solo día?, tampoco ¿verdad?, entonces calma mis queridas amigas, poco a poco se llegará lejos, eso es bien seguro.

Para mayor información, estoy a sus ordenes, con mis respetos y cariño siempre,

Doral.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Porqué nos deprimimos tanto las mujeres?



¿Porqué nos deprimimos tanto las mujeres?


Hoy vamos a hablar sobre los trastornos del estado anímico de la mujer y sus consecuencias, debido a que muchas veces desconocemos los motivos generados por el paso de las diferentes circunstancias y consecuencias de nuestros sentimientos y nuestros actos.

La mujer por naturaleza es más sensible que el hombre y por lo tanto, mucho más depresiva y eso se debe a nuestro funcionamiento hormonal.

Está comprobado que la hormona llamada “Estrógeno” es causa de alteraciones emocionales y orgánicas en toda mujer, se manifiesta en su forma de ser y de sentir, es decir; nosotras las mujeres, mostramos una conducta sostenida, en cómo nos sentimos, principalmente en los días fértiles (días de ovulación), que si nos ponemos a observar, encontraremos que son los días en que nos ponemos más sensibles, cualquier palabrita mal dicha, ya estamos alterándonos o llorando.

Algunas mujeres en éste período, muestran enorme irritabilidad, otras muchas sensibilidad, otras van de la agresividad al llanto, es una tremenda descompensación de emociones, una terrible guerra psicológica, y más cuando a parte de estar atravesando por esos factores, se tienen motivos externos para llegar incluso a sentir mucha tristeza, desánimo, depresión y hasta anemia espiritual.

Obvio es que influye muchísimo la personalidad y el carácter de cada naturaleza femenina: El temperamento, la formación y su entorno principalmente. Es por éste motivo, que a algunas mujeres les afecta mucho más que a otras e incluso en algunas pasa desapercibido éste período de revolución hormonal.

Pero hablemos de esos motivos, fuera del período de alto riesgo:

Esos motivos pueden deberse a varios factores, entre los que se puede encontrar la forma como fuimos programadas, las costumbres arraigadas en patrones rígidos, excéntricos, suspicaces, dramáticos, agresivos, místicos, celosos o indiferentes, otros son más arrogantes incapaces de perdonar y muy “simbióticos”, o bien, quejumbrosos.

No hay sintomatología y sólo son producto de una educación y aprendizajes mal adaptados. Y por lo menos alguna vez en la vida, hemos pasado por éstas alteraciones, nos hayamos dado cuenta o no. ¿Cuáles serían estas etapas o trastornos de la personalidad femenina?, a ver… Vamos por partes:

Estos cambios bruscos de personalidad podrían ser:

Obsesivos: Y se manifiesta con ansiedad, impulsos, ideas fijas, compulsión, falta de libertad personal y angustia a veces exagerada.

Limitante: Se manifiesta con dramatismo, carácter de frontera (límites), nos alteramos con facilidad, nos irritamos, nos volvemos definitivas, impulsivas y extrañas.

Histeria: Aquí también cabe el dramatismo, el teatro, queremos llamar la atención, hacemos mucho ruido (escándalo), o exageramos las cosas, y sobre todo nos gusta advertir lo que vamos a hacer. (amenazas o chantajes).
Sintomatológico: Se siente tristeza, apagamiento, depresión, dolor de cabeza o de ovarios, nos sentimos desaliñadas, introvertidas, desconfiadas, recelosas, angustiadas, y con celos sin fundamento. (éste último factor de “los celos infundados” está considerado por la medicina de la salud, como un trastorno afectivo psicótico)

Paranoide: No presenta delirios de grandeza ni nada por el estilo, pero si nos podemos llegar a sentirnos muy desconfiadas, celosas a morir e inflexibles.

Psicopatía: Se pueden llegar a observar rasgos violentos y ánimo de agredir o maltratar, ver sufrir a otros lo mismo que nosotras estamos sufriendo, nos volvemos di-sociales o antisociales, o sociópatas.

Dependencia: Se sienten deseos de ser protegidas y de depender de otras personas, nos sentimos incapacitadas para defendernos por sí mismas, con la autoestima por los suelos, y sólo esperamos la crítica mordaz. Nos volvemos mujeres “simbióticas” (que necesitamos de otros para sentirnos seguras).

Como hemos observado, la depresión tiene muchas ramificaciones, motivos diversos o mil razones de ser para presentarse en el organismo de la mujer y es única y nuestra la responsabilidad de proyección ante el mundo exterior y ésta podría ser normal (natural), aguda o crónica, según del caso que se trate.

¿Se puede curar la depresión femenina?

-Si lo deseamos sí-

Ya vimos los probables motivos de sentirnos deprimidas, y podemos a veces pensar que es muy difícil, y sí lo es cuando somos nosotras quienes lo hacemos difícil, ¿Pero qué tal, si lo hacemos fácil?

Podemos estar atravesando por un gran dolor: La pérdida de un ser querido, la remoción o cesación laboral, la pobreza, la enfermedad, el conflicto emocional, miedos, tabúes, inseguridades, fobias, problemas de conducta con alguien o por alguien, eso es hasta cierto punto normal, porque en la vida siempre encontraremos algo o a alguien que nos haga sufrir, nos guste o no, pero adoptar gratuitamente la costumbre, el hábito o el vicio de deprimirnos por cualquier cosa, significa más que todo, tener poca intuición y poca psicología y es cuestión de superarla, cambiando de actitud, nada más, así de sencillo… ¡Cambiar la actitud!

Podemos haber ejercitado conciente o inconcientemente por muchos años la depresión, ya la sentimos parte de nosotras mismas, ya sabemos cuándo o en qué circunstancias nos vamos a volver a deprimir, y en algunos casos es tan exageradamente arraigada en nosotras, que no nos queda más que ir corriendo al primer psicólogo o psiquiatra que nos recomienden, y éste nos puede auxiliar mucho escuchándonos, pero somos nosotras quienes nos hemos de arreglar a sí mismas poniendo todo lo que esté de nuestra parte para trascender ese estado tan lamentable.

Pero muchas veces, resulta que vamos al psicólogo y no sabemos ni lo que vamos a decirle, porque nosotras mismas desconocemos lo que nos pasa, no conocemos el origen de dónde viene esa depresión tan recurrente, y como es obvio, el pobre psicólogo se las tiene que ingeniar para lograr sacar la información reprimida y que está guardada en el inconsciente y poder de esa forma ayudarnos por medio de palabras claves:

Por ejemplo, si nos pregunta la palabra: “Esposo”, y tú sabes que hay problemas con él, y empiezas a decir todo lo que sientes de tu esposo, y el psicólogo lo único que hace es escucharte y te deja hablar, hablar y hablar… pero finalmente eres tú, quien termina dándose cuenta (sin que él te lo tenga que señalar), que ahí radica precisamente tu problema a solucionar.

Es como aquél pobre hombre enajenado que odiaba a todas las mujeres, decía que todas las mujeres del mundo eran iguales, y así se lo externó abiertamente a su psiquiatra y el facultativo le preguntó: ¿y tu mamá? –y el hombre le contestó- “No ella es diferente”. Por lo tanto no todas las mujeres son iguales. El psiquiatra lo único que hizo fue hacerle entender al pobre hombre, que no todas las mujeres son iguales.

El psicólogo y el psiquiatra nos puede incluso sugerir terapias especiales o medicar antidepresivos, pero a la larga éstos causan adicciones, haciéndonos el problema mucho más difícil de erradicar.

Lo mejor en éstos casos es ser asertivas, saber entender inteligentemente y aceptar con decisión, que todas tenemos zonas afectivas que llenar y también zonas erróneas que analizar, comprender y trascender, porque si vamos a pasarnos toda la vida buscando excusas y pretextos para seguir tomando pastillitas antidepresivas, una vez pasado el efecto, volverá el desajuste emocional y por ende, el dolor de sentirnos incomprendidas.

Podemos intentar (si lo deseamos), modificar nuestras actitudes aquí y ahora que estamos a tiempo de evitar llevar más lejos las cosas, tomando en cuenta desde luego que una persona que padece de depresión, es presa fácil de incursionar en estados más profundos de neurosis, psicosis, episodios maniáticos y hasta esquizofrénicos.

Eres una bella mujer, ¡Una gran Mujer! con muchas cosas hermosas por realizar en la vida, no te conformes con ser una persona quejosa e infeliz, ni proyectes tus miedos e inseguridades que no proceden, simplemente porque no corresponden.

Poco a poco se llega lejos amigas queridas ¿y quién dijo o dónde está escrito que debemos ser perfectas?

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

lunes, 19 de julio de 2010

¿Porqué duelen tanto los apegos?



¿Porqué duelen tanto los apegos?

En el plano terrenal, los apegos se consideran una causa, derivada de los sentimientos, algo de lo más normal, y lo es... cuando el sentido de las cosas para nosotros los seres humanos, es solamente vivir de la apariencia, de lo superficial, de lo que solamente se puede ver, oir y tocar, olvidándonos que hay algo más que la figura y el figurar, sino el SER mismo, la esencia de las personas y las cosas.

El ser humano en general, se siente más contento, más a gusto y más feliz entre más apegado viva a algo o a alguien, pero cuando ese algo o ese alguien le falla o le falta, se siente suspendido entre el cielo y el infierno, sin nada ni nadie de donde "agarrarse", se siente a la deriva de las circunstancias, ha perdido el sentido, el rumbo y la razón de vivir y con justa razón, siente que le falta algo, que le falta el aire, que se asfixia y se siente morir.

Y qué curioso resulta esto de que nadie quiere soltar lo que tiene y que considera tan suyo, tan de su pertenencia y tan eterno. Los cambios resultan algo desagradables, molestos y tan preocupantes, por eso nadie quiere hacer cambios en su vida. Todos desean continuar siempre apegados a su mismo trabajo, a su misma casa, a su mismo país, a su misma raza, a su misma cama, a su mismo sitio donde comer y ver televisión, y pobre de aquél que se atreva a quitarle su silla, que mínimamente saldrá con un buen coscorrón en la cabeza: "Quítate de alli, ese es mi lugar".... ¡Su lugar!, sí; seguro... como si hubiera nacido con él y como si al morir fuera a llevarse su querido lugar que no quiere que nadie se lo gane ni se lo toque siquiera.

La gente de hábitos tan comunes, tan cotidianos y tan "normales" como éste, se vuelve celosa de sus cosas materiales, apegadamente exagerada y egoista de cierta manera porque no desea compartir, ni aceptar ni entender que todo... todo lo que tenemos en esta vida es prestado por un corto tiempo: Los padres, los hijos, los hermanos, las parejas, el trabajo, el hogar, los amigos. Cuando llegamos a este mundo, no traíamos ni un triste alfiler, y cuando nos toque regresar tampoco nos llevaremos nada... ¡Absolutamente nada!, ni siquiera el aire que respiramos. ¿Entonces para qué apegarnos tanto a las personas y a las cosas materiales?

El ser humano no es sólo materia. El ser humano está constituido de tres elementos básicos: Cuerpo, mente y espíritu, condensados en lo que conocemos como: MATERIA Y ENERGÍA. La materia no podría existir sin el espiritu (que es la vida), ni la vida podría manifestarse sin un cuerpo físico donde habitar, sea del reino que sea, la naturaleza tiene cuatro reinos: El mineral, el vegetal, el animal y el humano. Todos conocemos cómo funciona el reino humano y el cuerpo físico, algunos conocen cómo trabaja la mente, pero nadie conoce ni le interesa saber cómo es, o qué es el espíritu o el alma.

Nos preocupamos demasiado por darle de comer al cuerpo físico, por satisfacer todas sus necesidades fisiológicas, por asearlo, por vestirlo, por decorarlo para que se vea bién ante los demás, pero nadie cuida su mente ni le interesa a nadie cultivar pensamientos positivos, mucho menos sentimientos elevados que son alimentos de alto voltaje para el alma.

Entonces, es importante señalar aquí y ahora que las personas que sólo se dedican a rendirle culto al cuerpo físico olvidándose de que también el alma necesita alimento, irremediablemente (tarde o temprano), se convertirá en un cadáver viviente. Camina y se mueve por este mundo, cumple con sus compromisos de ser humano, pero lo hace como un robot... es decir, estando muerto por dentro. El alma se fatiga por falta de alimento, se enferma al no obtener alimento, esas personas vacías tienen una alma sí; pero una alma que padece de una gran anemia espiritual, sufren pues, por cosas que no tienen la menor importancia, son frágiles y quebradizas, se apegan a las cosas y a las personas como si fueran su única tablita de salvación, y por sí mismas, se sienten sin fuerza, sin belleza y sin ningún valor. Son las personas que tienen su autoestima tirada por todos los suelos.

¿Cómo no va a sufrir una mujer (por ejemplo), que ha puesto toda su fe, su esperanza , sus ideales y su vida en el hombre de sus sueños? y resulta que el hombre de sus sueños, tiene puestos sus ojos y sueños en otra mujer, en otro robot con faldas y labios pintados que no es la mujer que se está muriendo por él. ¿Se han fijado en esto amigas queridas?. Hay mujeres que se pasan toda una vida esperando que aquel ingrato cambie, se harte de la otra mujer y regrese atrás, siguen apegadas a su ideal de hombre, apegadas a su capricho disfrazado de amor, que les va doliendo más allá de la piel.

Y la verdad de todo esto mis caras lectoras, es que el amor no tiene por qué doler ni tiene porqué apegarse ni sujetarse a nada ni a nadie, o dejaría de ser amor. El amor y sus sentimientos son como un hermoso pájaro de albo plumaje que no se sujeta ni se enclaustra a nada ni a nadie, porque cuando se encierra en una jaula, es como si se encerrara en una olla de presión, se pondría triste, no cantaría, no podría mover sus alas, yacería (tarde o temprano), en su propio sopor... ¡Suéltalo, déjalo ir! no lo apegues a ti, no te apegues a él!, sea el amor de tu hijo, de tu esposo, de tu hermano, de tu amigo, de tu jefe o de tu vecino... ¡Desátalo, déjalo libre!, ¿Qué importan los lazos afectivos de que se trate si son lazos que te duelen porque te estás sujetando tan fuerte de ellos que estás asfixiando al otro?

No tienes ninguna necesidad de sufrir por apegarte a otra persona, cosa, espacio o lugar, recuerda que tú eres único(a), e irremplazable, tú eres tu propia belleza, tu propio valor y tu propio espacio, sin importar el lugar, ni el tiempo donde te encuentres... ¡Gózate de ser tú para tí mismo(a)!...¡Tú eres tú, y eres importante para Dios!, sé inmortal sobre el tapete de tu existencia, dejando atrás todas tus huellas, deja que ellas hablen por ti, todo lo que has hecho en esta vida, tú sigue construyendo la sombra bendita de tus pasos que a la postre te harán vivirte a tí mismo(a), sin sufrimientos, ni martirios, ni pesares, ni dolores por haber atado a otros a la piel de tus sentimientos... ¡Déjalos ser, y sigue siendo tú mismo(a)!.... ¡Suelta los apegos, atrévete a conquistar tu propio espacio, y aprende a vivir en paz!

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

jueves, 17 de junio de 2010

¿Miedo de volver a amar?




¿Miedo de volver a amar?

Dicen que de los grandes amores, siempre hay mucho que aprender, sobre todo si éstos perduran en el tiempo. Y la verdad, el que dos seres se sepan conservar, se sepan amar mucho o mejor por muchos años, es algo digno de admiración, valor y respeto. ¡Es algo hermoso!, sobre todo el envejecer al lado de quien más amas en la vida ¡Tu pareja de siempre!, quien te entiende, te comprende, de aguanta con infinita paciencia, te sabe confortar en los momentos tristes, te conoce los gustos y los disgustos, conoce tus conductas, tus reacciones, tus esfuerzos, tu manera de pensar, de sentir y hasta tu forma de roncar en la cama.

Es un arte saber amar, y benditos son los seres que se aman, pero cuando las cosas no salen como las esperabamos o como las planeamos, se apodera de nosotros una gran tristeza, una gran desesperación, una gran frustración, pero sobre todo... una gran desconfianza y un terrible miedo de volver a amar.

El desamparo emocional atrapa al alma, las lágrimas inundan los ríos de todo nuestro ser, ¿Cómo es posible que después de haber amado tanto a una persona, tenemos que resignarnos a perderla y aprender a aceptar que ya no está y que tenemos que desprendernos y despedirnos de ella para dejarla ir, soltarla y dejarla partir?

Es menester aprender a cerrar ese capítulo de vida para poder iniciar el que sigue, pero no olvidar cerrar bien la puerta y asegurarnos de que que no hay regreso posible al pasado, porque si la dejamos abierta, siempre estaremos volteando hacia atrás, con el corazón destrozado y queriendo volver. Pero aquí hay una pregunta: ¿Para qué volver con una persona que te mostró su marcado desinterés?

No es posible, ni cómodo ni grato para nadie, quedarse fijado, estancado y añorando lo que ya se fue, no importan los motivos, ni las circunstancias por las cuales se haya producido la ruptura sentimental. El pasado ya se fue, ya no está, está muerto y enterrado y ya no tiene regreso posible y en cambio la vida debe continuar, ¿Pero porqué las mujeres (algunos hombres también), estilamos cerrar la puerta del corazón cuando alguien nos quedó mal, nos traicionó o nos fue infiel?

¿Será justo que otros seres del mundo paguen por lo que un ser del mundo nos hizo?, y la verdad es que tampoco es comprensible que a uno le tenga que doler la cabeza porque el otro se portó mal... ¡Se portó mal y que le vaya bien y bonito, pero déjalo ir! ¿Porqué seguirle dando tanta importancia o seguirle rindiendo tanta pleitesía a quien no lo merece? ¡Puf; ni que valiera tanto la pena!

Es noble y de sabios reconocer que a veces se gana más al saber perder. ¿Que vamos a seguir sufriendo por un rato? ¡Sí!, pero con paz. Esperar un poco a que el tiempo cobre su obra para reconstruirte, levantarte y recuperar tu fe, tu valor, tu dignidad, tu fuerza y en el ínter regalarle al otro, lo que se perdió, que al fin de cuentas, todo lo que damos en esta vida, sea bueno o malo, tarde o temprano regresa a buscarnos, por eso es tan importante no perder la serenidad, saber que no todo es para siempre y que si podemos asimilar con calma lo que somos en esencia y de lo que somos capaces ¿Qué sentimiento pudiera sucedernos para lo cual no estemos preparadas?

Hay muchas mujeres que después de un fracaso sentimental, no quieren volver a saber nada que huela a amores,a sentimientos, a hombres y mucho menos a lo que ellas consideran como "halagos traicioneros", se vuelven unas hermosas ostras enclaustradas en sus mutismos color de nacar y se transforman en dulces perlas preciosas, que a la postre terminan por saberse amargas o mejor dicho, ¡Amargadas! con un terrible miedo de volver a amar, de volver a querer, de volver a entregarle su corazón a un nuevo amor.

Por supuesto que el tiempo no espera a nadie, y aquella mujer que se ha quedado atrás por miedo de volver a amar, que se ha quedado estancada en el pasado lamiéndose las viejas heridas sentimentales o sobándose el amor propio herido, se perderá de muchas y muy hermosas oportunidades de ser feliz. El mundo no se termina porque se terminó una relación, seguro vendrán otras relaciones mejores, más valiosos y más duraderas, por eso es tan importante saber seleccionar la tierra fértil dónde se va a depositar la semilla para sembrar y poder algún día cosechar los frutos de joyas que tanto anhela el corazón divino de toda mujer, sobre todo la de aquella mujer que con dolor... ¡Excelsamente aprendió a amar!

Con mis respetos y cariño siempre,
Doral.

lunes, 19 de abril de 2010

Amores perdidos.


Amores perdidos


Fracasar es necesario: el que tropieza y no cae avanza dos pasos. No importa un revés en el amor, lo triste es no vivirlo. Pero hay algo aún peor: dejar escapar al amor de tu vida por orgullo o cobardía.

Personas especiales, que merezcan la pena, te enriquezcan, te enseñen, a quienes puedas respetar y admirar, hay pocas. Las que te hacen vibrar y saben sacar lo mejor de ti se cuentan con los dedos de la mano. La coincidencia -usualmente por la intervención del azar- de dos trayectorias vitales llamadas a enamorarse, dificulta aún más las cosas. Ocurre más a menudo de lo recomendable, el miedo a lo desconocido, al siguiente paso, la cabezonería o la soberbia matan historias únicas que comienzas a valorar una vez perdidas.

De nada sirven la prudencia, el sentido común o la sensatez contra la fuerza del corazón. Si te has distanciado del amor de tu vida y eres consciente de ello tienes dos opciones: actuar ahora o arrepentirte para siempre. Y sólo entonces, cuando esa persona inolvidable se ha alejado de ti, es cuando darías lo que fuese para saber cómo le va, ayudarle si te necesita, reír juntos si todo va bien o disfrutar de una conversación intrascendente en mutua compañía. Pero ya no está a tu lado y es cuando comienza un machaque insistente con preguntas del tipo: ¿Dónde estará? ¿Qué proyectos tiene ahora? ¿Sigue siendo un encanto? ¿Hay alguien en su vida? ¿Es feliz? ¿Se acordará de mí alguna vez? ¡Ese no es el espíritu, eso es un sin vivir!

Si mañana esas personas que nos hicieron felices se marchan de este mundo, es obligatorio tener el convencimiento de que disfrutamos con ellas cada segundo, todo lo que nos fue posible, que nos entregamos sin reservas, que no nos quedamos con las ganas de hacer. De nada sirven la prudencia, el sentido común o la sensatez contra la fuerza del corazón. Si te has distanciado del amor de tu vida y eres consciente de ello tienes dos opciones: actuar ahora o arrepentirte para siempre. Es decir, ser valiente o enterrar la cabeza bajo tierra como los avestruces.

Lucha por recuperar lo excepcional. Provoca un reencuentro inesperado que deje boquiabierta a esa persona imborrable y suelta a bocajarro, sin preámbulos:

No he dejado de pensar en ti ni un sólo día desde que te fuiste. Echo de menos tu sonrisa, tus ojos, tu barbilla, tu cicatriz, tus abrazos, tus manos, tu pelo, tus miradas, tu humor, tu ironía, tus lunares, tus puyazos, tu voz, tus llamadas a cualquier hora, tus confidencias, tu ingenio, tu ombligo, tus consejos, tu energía, tu pasión, tu olor, tu sabor, tus caricias, tus besos, tu piel, tu cuerpo… Tengo tantos recuerdos tuyos, todos fascinantes, que podría escribir un libro, aunque no sabría qué final ponerle: quizá tú puedas ayudarme para no dejar esta historia inacabada… Me duele tu ausencia. Sólo quería que lo supieras. Y también que me enamoré de ti. Cuando te alejaste de mi lado, fui consciente de todo el amor que siento por ti. De cuánto te quiero.

Cada cual es dueño de su propio destino. Sólo se vive una vez. En tus manos está ser feliz.

Autora: "Carmela Díaz"
http://www.mujeresycia.com

martes, 16 de febrero de 2010

¿Sufres por desamparo emocional?



¿Sufres por desamparo emocional?

Dicen que el mal de nuestro mundo es la soledad, pero creo que hay un mal mayor, y se llama: “Temor”, miedo a no tener nada ni a nadie a quien "agarrarse" en circunstancias especiales de nuestra vida, como por ejemplo: Una ruptura sentimental, las sátiras palabras hirientes de tu ser amado, las mentiras, los engaños, las falsedades, la infidelidad, las traiciones, etc., son situaciones que llevan al ser humano a sentirse derrotado y desamparado emocionalmente.

No hay palabras humanas para describir la dura sensación que se siente cuando todo ha terminado, cuando todos se han ido, cuando te has quedado sola, absolutamente sola, sin nada ni nadie de quién sujetarte, y triste de sentirse a la deriva de las circunstancias, máxime cuando aprendiste a confiar con facilidad en las personas que ya no están más en tu vida por alguna razón, y no resulta nada grato ni fácil el aceptar que algo falló, y que no se esperaba el tiro de gracia en lo que mas duele: "La dignidad".

Pero ser mujeres auténticas y dignas tiene un precio elevado amigas queridas, que muchas veces sólo se puede pagar con dolor y silencio, el dolor de nuestra orfandad afectiva, es un factor (o conflicto emocional bien profundo), que requiere ser atendido de manera inmediata, a través de nuestra comprensión creadora primero, antes de rebasar límites para no caer en el desequilibrio de las fuerzas mentales, sentimentales o psíquicas.

Ante situaciones inesperadas, como la pérdida de un ser amado, algunas personas reaccionan de manera violenta e impulsiva debido a la desesperación. Otras reaccionan de manera sensible, llegando al grado de lágrimas, cayendo incluso en el charco de la auto-compasión, creándose allí otro conflicto íntimo de baja auto-estima.

Las redes neuronales trabajan coordinadamente y siempre en cadena, pues una cosa lleva a la otra, de manera entrelazada, enredando a veces peligrosamente los circuitos emocionales y cerebrales, llevando a la persona a grados muy profundos de depresión, abandono y desinterés social.

En este marco de las cosas, se hace necesario, justo y urgente entender, que como seres humanos tenemos derechos sí; pero el más elevado, es el de no depender emocionalmente de nada ni de nadie en ningún sentido y por ningún motivo, so pena de correr el riego de recibir tremendos golpes en el alma.

Somos seres sociales es cierto, pero también somos autónomos, ya que el organismo humano fue dotado (afortunadamente), de miles de defensas y una amplia coeficiencia mental, con suficiente espacio para el entendimiento, la comprensión y el conocimiento, que deberían ser explorados y explotados al máximo, pero de manera equilibrada, ubicada, prudente, inteligente y correcta, sin lastimar a nadie, ni permitir que otros nos lastimen.

Sin embargo, y en honor a la verdad, es justo reconocer también que por naturaleza humana, el ser humano es un ser dependiente. El ser humano depende del sol para vivir, del agua para saciar su sed, del aire para llevar oxígeno a su cerebro, de la tierra para sostener sus pasos. El ser humano depende del mismo hombre en muchos sentidos. Depende de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos, de su familia, y ni qué decir de su pareja o compañera(o) de vida.

El ser humano depende mucho y para todo de su prójimo, es un ser dependiente de las costumbres, de los hábitos, vicios errores o apegos que en determinado momento se deben y se tienen que soltar y dejar ir con el pasado. Claro que esos procesos son lentos muy dolorosos (cuando se sufre, todo es lento y doloroso), precisamente porque no hemos aprendido a tener bajo control, el manejo de nuestras emociones, ni hemos aprendido a extraer la savia bendita de nuestros errores para identificar la manera correcta, apropiada e independiente y autónoma de vivir la vida tal como es, sin mezclar sentimientos.

Cierto es que todos necesitamos de todos (eso es irrefutable e ineludible), pero a lo que me refiero es que resulta importante, darnos cuenta de que, cuando llegamos a este mundo no traíamos nada, y cuando nos toque partir tampoco nos llevaremos nada a la tumba… ¡Ni un triste alfiler!

Cuando nacimos no nos dieron un manual sobre cómo vivir la vida, pero forjar la vida a través del lenguaje, la comunicación y el aprendizaje, nos ha dado la facultad de crear conciencia sobre las cosas y las personas que nos rodean. Cultivar valores es, por lo tanto lo esencial y realmente importante.

Pero me pregunto: ¿Cómo vamos a lograr crear conciencia?, si al primer grito, insulto u ofensa ya estamos respondiendo con agresividad (la violencia engendra violencia), ¿Por qué se tiene que vivir con la espada siempre desenvainada, y generando conflictos y fricciones?

Toda esa cruzada de emociones mal digeridas, a la larga se convierte en un desgaste psíquico tremendo, llevando al ser humano a vivir en un mundo lleno sufrimientos y de desamparo emocional. Tenemos que aprender a no reaccionar como lo hace la demás gente, tenemos que aprender a ser seres únicos, auténticos, naturales, irrepetibles e irremplazables, unos seres realmente muy especiales, pero demostrándolo con hechos y no tanto con simples palabras que suele llevarse el viento.

Lo mejor es darnos cuenta aquí y ahora, que somos seres capaces de salir adelante ante cualquier adversidad, sin importar qué tan fuerte o dolorosa sea, que podemos lograrlo sin tener necesidad de recurrir a ningún recurso o apego del pasado, ser fuertes para decidir, fuertes para enfrentar nuestras circunstancias de vida, fuertes para hablar, y fuertes para callar cuando se debe callar y punto. ¿Quién dijo, o dónde está escrito que está prohibido?


Un enorme abrazo del corazón y paz.

Doral.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Si pudieras cambiar algo de ti misma, ¿Qué sería?



Si puedieras cambiar algo de ti misma, ¿Qué sería?


Empezaremos este tema tan interesante, amigas queridas, recordando aquello que dicen que todos al nacer traemos una “torta bajo el brazo”…¡Qué afortunados somos!, pero conforme vamos creciendo, no vemos la famosa “torta” por ningún lado, y en cambio vamos descubriéndonos muchos defectos físicos y psicológicos que cambiaríamos al tiro, si pudiéramos hacerlo.

A ver: Veamos ésto detenidamente:

Hay mujeres que no están conformes con su cuerpo físico (el estuche que guarda a nuestro Ser), algunas porque son gorditas, otras porque se sienten muy flaquitas, otras porque no caminan como una modelo profesional, y otras no quieren salirse del pantalón porque están traumadas de sus piernas.

Hay mujeres que desde los 16 años ya están pensando en el implante de senos porque quisieran tener bubis exuberantes y sexys para verse esculturales, así se conviertan en “mujeres de plástico”, o en el peor de los casos, se arriesgan a cualquier cirugía plástica para reducir las famosas “chaparreras”, o los molestos “rollitos y llantitas” en el vientre. Otras se hacen inyectar silicón en los labios para tenerlos sensuales, etc.

¿Y qué decir de aquellas que viven probándose pantalones y más pantalones, y no se encuentran las pompas por ningún lado, ¡jo! –qué ironía decirlo así- pero amigas, hay quienes que hasta se atreven a ponerse un short bajo el pantalón para verse más exóticas. Pero con otras, sucede todo lo contrario al probarse pantalones, que tan pronto se meten en un pantalón y al mirarse en el espejo… ¡Dios mío!, hasta se espantan de verse tan “petaconas”.

¿Quién nos entiende a las mujeres?

Otras mujeres viven inconformes con sus ojos porque no son del color que quisieran tener y lo solucionan de volada cubriéndolos con lentes de contacto de todos colores y sabores y maquillándolos con bastantes sombras compactas, delineadores y rimel.

El pelo lo disfrazan con extensiones largas o cortas, o aplicándole tintes del color y marca que más les gusta, aunque tengan que pagar la marca.

Y las manos… ¡Ay, las manos! que quieren lucirlas “como si fueran las de una artista” y se van a donde la amiga estilista a que les coloquen uñas postizas de acrílico o de cristal y hasta decoradas con figuritas de colores y pedrería, aunque al llegar a casa... ¡Dios mio! batallan hasta para usar el papel higiénico allá...¡En la colita!

Todo este show, circo, maroma y teatro, por mencionar algo; trae a algunas mujeres de cabeza, sin dormir y a la cacería de cualquier producto nuevo que les recomienden en la primer farmacia de la esquina, y yo me pregunto: ¿Pero qué nos pasa amigas?

Otras mujeres más prudentes en el mundo, se preocupan más por su personalidad y su carácter: Unas son introvertidas, que quisieran ser más sociables y no se atreven, y otras más sociables que darían la vida por pasar inadvertidas para el mundo

Y mujeres hay muchas que ya parecen “discos rayados” con sus quejas, eternos lamentos y cancioncitas repetidas: “Es que soy pobre, es que soy muy fea, es que estoy enferma, es que soy muy torpe, es que no tengo suerte” ¿Por qué no nací bonita? ¿Por qué no soy más rica? ¿Por qué soy tan delicada y enfermiza? ¿Por qué ella tiene más suerte que yo?…

Caray; y hasta reniegan de su propia existencia, darían cualquier cosa por ser mujeres diferentes, y hasta hubieran deseado haber nacido “siendo hombres”…”Los hombres no sufren tanto como las mujeres” –Dicen- y lueguito encuentran su chivo expiatorio culpando al destino o preguntándose: ¿Por qué Dios me hizo mujer?

Vemos muchas veces que algunas mujeres lo tienen todo y nosotras no tenemos nada ¿y qué?, posiblemente esas amigas desearían mil veces ser como nosotras ¿se han puesto a pensar de esa manera? Cuántas mujeres en el mundo se atreven a decir: ¿Por qué Dios no me dio fuerza, carácter y decisión en vez de ser bonita y tenerlo todo?

Amigas queridas; recapacitemos seriamente en todo ésto; ¿Por qué no aceptarnos tal cual somos? ¿Por qué no conformarnos con lo que Dios nos ha regalado a cada cual?.

Aprendamos a responder con seguridad cuando alguien nos pregunte: ¿Cómo estás? -¡Bien, gracias… pero ni modo!-


Saludos afectuosos con mis respetos y cariño siempre,

Doral.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Darías la vida por el hombre que amas?



¿Darías la vida por el hombre que amas?

Antes que nada amigas, es bueno reconocer que el amor es la causa, motivo, sentido o razón más maravillosa que un ser humano puede tener para vivir.

Sin una ilusión que revolucione todos los sentidos internos, la vida no sabe igual. Necesitamos (nos guste o no), un detonante que nos haga latir fuerte el corazón, que nos sacuda todito el tapete de la existencia (como se estila decir), y sea capaz de encender todas las luces dentro de alma.

No es extraño que todas las mujeres busquemos ese sentido que nos haga vibrar intensamente con la bella sintonía llamada: “Vida”, y si esa vida está pintada de tul ilusión, con matices de dulces sueños y sonrisas íntimamente secretas, pues más profundo es el sentir que nos revitaliza y nos energetiza vigorosamente, devolviendo la lozanía a cada poro de la piel y encendiendo cada fibra íntima de todo nuestro ser.

Amar… ¡Cuán hermoso es amar!

Pero cuando ese amor no es legal ante los ojos de la sociedad, cuando sabías que estabas usurpando derechos ajenos, cuando secretamente cultivaste una ilusión prohibida, forjaste un mundo propio al lado de una persona de “propiedad ajena”, que no es tu esposo y permitiste que esa relación creciera en el anonimato a pesar de todo. Creció con ella tu alegría interna, bajo la complicidad del amasiato oscuro, es verdad, pero también aumentaron las presiones dentro de tu hogar y el dulce caos más grande dentro de tu corazón.

Los problemas pequeños que antes tenías, ahora los ves gigantescos, si antes atendías con tedio y desgano al padre de tus hijos, ahora deseas que se vaya, que reviente o que se muera, lo mismo te da, si tú lo único que desearías es ser libre para no tener que esconder tu amor ante nadie.

Pero en el fondo de tu alma sabes que no puedes engañarte a tí misma ni puedes darte el lujo de ser una mujer tan ruin y cobarde como para desearle la muerte a tu propio compañero de vida y padre de tus hijos que ha sido noble, pero ya no lo amas, sientes compasión por él, te da lástima y no quieres hacerle daño, ¿Pero qué hacer? si allí está el señor “Remordimiento” convertido en el juez implacable de tu corazón, que todo lo observa en silencio y te lo reclama: “Cambia, por favor cambia tu estilo de vivir”… “Qué vas a hacer con tu hogar, con tu esposo y tus hijos”. Son los tuyos mujer, y es todo lo que tienes y lo único que sabes que en verdad te pertenece. ¿vas a tirar todo por la ventana de tu vida a cambio de unos momentos de placer?

Allí justo en ese momento es cuando los sentimientos de la mujer se tambalean, se confunden, se enajenan y la cabeza empieza a dar vueltas como pirinola, buscando una salida o una solución desesperada. Por una parte no está dispuesta a dejar de prescindir de su ilusión secreta, aunque aquél hombre de sus sueños sea casado, y no pueda ofrecerle nada serio ni formal porque también tiene su familia que no está dispuesto a dejar. Por otra parte tampoco esa mujer estará muy segura de querer dejar todo por aquél intruso que vino a robarle el corazón.

Las fricciones y las presiones van en aumento dentro del hogar, la mujer se vuelve una zombie, anda tensa, nerviosa, angustiada, mirando el reloj cada dos o tres minutos, anda sinceramente pisando las nubes de su existencia, y sueña sobre sus propias alforjas donde carga escondido su prohibido amor. ¿Eso es vida?

Vivir entre dos mundos equivale a no vivir en ninguno. Quién quiera servir a la luz y a la oscuridad al mismo tiempo, no servirá bien a ninguna, porque no podrá ser feliz, ni podrá hacer feliz a nadie viviendo a medias. Y si una mujer vive a medias, siempre será una mujer a medias y yo me pregunto: ¿En ese estado miserable y lamentable, la mujer será capaz de dar la vida por el hombre que ama?

Salud y saludos amigas lectoras.
Doral.

jueves, 20 de agosto de 2009

¡Lánzate mujer, no temas!




¡Lánzate mujer, no temas!


Frente a los grandes retos, siempre hay y habrá algo o alguien que nos detenga por un momento a pensar. Comúnmente las cosas difíciles de realizar, siempre tienden a pensarse dos veces antes de arriesgarse, pero hay quienes la piensan un poco más, incluso en el círculo de varones cuando uno de estos no se atreve, o no tiene valor, casi siempre es molestado por sus compañeros con una pregunta que directito se les clava como dardo, en el mero centro del amor propio: ¿Eres una gallina?

Lo mismo sucede con la mujer que padece de miedos, que no se atreve a hacer las cosas por su propia cuenta y que siempre tiene que estar dependiendo de los permisos o aprobación tanto de los padres, del esposo, de los hijos, de hermanos, de los jefes, o de alguna otra persona mayor.
En ese sentido cabe señalar dos cosas importantes: La mujer no puede o no quiere ejercer su propio derecho a tomar decisiones por temor a equivocarse y por temor al qué dirán o qué pasará. Se siente atada, no tiene libertad para decir ni para decidir, no se pertenece a sí misma, tiene miedo de contrariar a quienes le rodean por temor a no ser aceptada tal como ella es, o por temor a represalias o que se enojen ¿y qué?

Algunas mujeres piensan: “Tengo tantas ganas de salir de viaje, pero mi marido nunca me dará permiso y mucho menos me dará dinero para el viaje” y se alarman ante la sola idea de plantearlo, se escandalizan de su “atrevimiento”, se desesperan, se angustian. Con un pié quisieran correr, pero están atadas del otro. ¿Qué hago con mis hijos, dónde los dejo? ¿Llevármelos? Imposible… ¡Quiero descansar, quiero respirar! Ah, pero el hombre si puede salir cuando se le da su regalada gana y a veces ni siquiera avisa. ¿verdad?

Entonces…¿Porqué las mujeres tenemos tanto miedo de lanzarnos a la vida, si la vida misma es un carnaval como dijera una gran señora que en vida llevó el nombre de Celia Cruz? ¡Y vaya que nos legó una herencia de gran alegría, entusiasmo y sabor esa gran señora!

Algunas mujeres aseguran que no es por miedo sino por prudencia, otras por respeto a sus deberes y obligaciones, otras se aguantan por comodidad de estar siempre supeditadas a lo que diga y ordene su compañero de vida o lo que decidan los hijos para ella. Pero ni el marido ni los hijos jamás le preguntan a ella, qué es lo que quiere, y la mujer termina cediendo y haciendo lo que no quiere o lo que no le gusta hacer, pero hay que darle gusto a los suyos y hasta se dice convencida: “Es mi obligación”.

¿Cuál obligación?… ¡Por Dios!

¿Comer lo que no tiene ganas de comer?, ¿salir a donde no tiene ganas de ir?, ¿hacer lo que no quiere hacer? ¿Recibir en su casa a quien no quiere recibir? ¡Ah, pero se trata de los amigos o los familiares del marido y pobrecita de ella que no les ponga buena cara!

La mujer no tiene ni privacidad, ni individualidad, ni derecho al reposo, ni nada propio, vive como una presa dentro de su propio hogar y el carcelero parece no darse cuenta de que ella es un ser humano que también necesita distraerse, salir a que le de el aire de la calle y la luz del sol, sonreír, socializar, divertirse y si así lo quisiera ¿por qué no? salir a tomar un par de copas con alguna amiga y convivir sanamente un buen momento, pero… uf; seguro el hombre daría el grito en el cielo ¿cómo es posible que una mujer decente piense en ir a tomarse un par de copas como si fuera una vulgar ramera?

Hey; ¿qué pasó allí?…
¡ALTO Y MUCHO OJO!
¿Por qué siempre el hombre tiene que pensar mal cuando una mujer decide hacer algo fuera de lo común? ¿Por qué tiene que ser mal visto que una mujer visite un “Lady Bar” si así lo desea, o escuchar piano o guitarra por un rato en cualquier otro club o centro social, aún sin la necesidad de tomarse ese par de copas que tanto le molesta al marido? ¡Por favor! Qué demodados y ridículos son esos señores ¿Quién les dijo que una Dama no tiene acceso a esos derechos que a ellos les sobran?
Me gustaría mucho conocer sus valiosas opiniones al respecto, hay mucho de qué hablar sobre este tema. Seguramente la cultura de cada país en el que ustedes se encuentran, las sujeta a normas y patrones de conducta diferentes, pero segura estoy de que muy pocas son las mujeres que saben lanzarse con seguridad, con valor, con garbo y con delicadeza para hacer de sus vidas, algo digno y que ha valido la pena atreverse a ser ustedes mismas, sin tabúes, ni miedos ni ataduras.

¿Lo comentamos por favor?

Saludos afectuosos
Con todo mi cariño y respeto siempre.
Doral.

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